sábado, 7 de junio de 2008

Silvio deja las putas

Creo que no hay bajo las estrellas gente más hipócrita que los políticos, ver si no la siguiente noticia:

Italia propone declarar a las prostitutas "peligrosas para la moral y la seguridad"

La noticia a la que me refiero dice que pretenden incluir a las prostituras en el mismo grupo que los vagabundos, traficantes y vendedores de drogas, los delincuentes habituales, los proxenetas, los explotadores de menores y otros tipos considerados "personas peligrosas para la seguridad y la moral".
Haciendo caso a esta comparación uno debería estarle agradecido a la clase política su trabajo y su esfuerzo por querer librarnos de esta plaga, ahora bien, haciendo un ejercicio de reflexión uno se pregunta por qué los políticos no están incluidos en ese grupo y lo más preocupante ¿quién nos protege de ellos?.
No voy a negar mi aversión a la clase política del mismo modo que tampoco voy a ocultar mis simpatías hacia estas “mercenarias del amor”, y puestos a reconocer méritos soy más partidario de reconocérselos a quienes con sus acciones brindan ratos de placer, amor de alquiler y más veces de las que uno se pueda creer simplemente un rato de atención, reclamando para alguna un monumento y el titúlo de doctora en psicología especializada en las relaciones de pareja o consejera matrimonial.
Que a nadie le quepa duda de que estas profesionales han salvado infinidad de matrimonios, ya que muchos hombres gracias a sus servicios ven satisfechas sus necesidades librando a la abnegada esposa practicar sexo “por obligación”, y sirva también este comentario para los “gigolos”, que a su vez hacen la misma labor, todo hay que decirlo.
Lo más chocante de la noticia es que pretendan cerrarlas de piernas algunos de los que muchas veces recurren a sus servicios siendo la cuenta con cargo al estado, pues los movimientos de las tarjetas Visa ya han delatado a unos cuantos, y que esta noticia parta además del gobierno de Berlusconi, es el colmo de los colmos.
Me parece una estupidez el pretender erradicar el “oficio más viejo del mundo", del mismo modo que estoy totalmente convencido que jamás lo conseguirán, podrán intentarlo eso sí, pero apuesto a que alguna logrará convencerlos de lo contrario, quizás cuando los reciban como clientes.
Eso sí, vería bien que en aras de la igualdad las facturas del burdel dedujesen en la declaración de la renta o que la Seguridad Social financiase el polvo como antiguamente hacía con las gafas… bueno, sí, esto que acabo de decir es una exageración, pero ¿qué tal si en lugar de perseguirlas, regularizasen su situación para que pudiesen tener los mismos derechos que el resto de trabajadores?.

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