martes, 31 de enero de 2012

Soy un adicto

Distinguidos lectores, queridísimas lectoras, querid@s amig@s, etc., etc. y etc.. Ayer noche, justo a la hora en que quien puede y tiene suele cenar, ocurrió en mi casa y más concretamente en mi persona un hecho insólito y tan preocupante que me dejó muy preocupado, tanto que después de una noche de insomnio y malestar a consecuencia del "mono" o "síndrome de abstinencia" que más adelante describiré, me he levantado esta mañana presto y dispuesto a alistarme en el PROYECTO HOMBRE. Aunque mejor que presto y dispuesto más bien fue al revés ya que primero estuve dispuesto y luego y en vista de como sucedieron los acontecimientos dejé de estar presto para simplemente no hacer nada y tomármelo con calma, pero debo reconocer y por lo tanto reconoceré que ayer a la noche me sentí y reconocí como un adicto a ciertas "sustancias" que adicen, y entrecomillo lo de sustancias para que no haya malentendidos y quede bien claro que mi adicción es a sustancias mientras que lo que adicen por ahí de mí me importa un carallo.
Los hechos de ayer noche sucedieron como sucedieron y sucedieron como a continuación detallaré al detalle, sin omitir ni un punto ni una coma, aunque cabe la posibilidad de que me olvide de algún acento.
Como he dicho al principio los acontecimientos acontecieron cuando mis tripas rugieron siendo de hambre el por que lo hicieron, de eso estoy totalmente seguro pues en cuanto sonó el primer rugido mi vista se fue hacia el reloj de pared comprobando al instante que mi reloj biológico sigue perfectamente sincronizado con el Meridiano de Greenwich y con el de la pared, pues estaba claro que ambos los tres me indicaban que la hora de cenar se acercaba.
Señores, señoras, señoritas o simplemente desconocidos lectores, sepan que es costumbre y menester o ambas a la vez, que desde mi más remota niñez tomarme una taza de leche con Cola-Cao antes de irme para cama, lo cual si mi memoria no falla se remonta por lo menos al traumático momento en el que fui destetado como la mayoría de los humanos. (Y digo la mayoría porque aun hay quien chupa de la teta hoy en día. Y esto puedo asegurarlo con certeza y testigos si es preciso, pues el otro día en el ambulatorio aún vi a una madre dar pecho a su pequeño retoño).
Comprobado el perfecto funcionamiento y sincronización de ambos los tres relojes que me indicaban que era la hora de cenar, procedí a poner en marcha el protocolo de actuación establecido: coger taza, verter leche, introducir en microondas, seleccionar 1:20 min. a 600W, esperar, sacar taza, y... cuando el protocolo debería seguir con: coger Cola-Cao y echar 4 cucharillas de café, éste se vio truncado cuando y como si lo hubiese lamido un perro, me encontré de vacío y limpio el bote lo cual provocó en mí un especial rebote.
-¡¡¡ CAGONDIOOOOS !!!..., ¡medio siglo tomando Cola-Cao de cena y nadie me avisa de que ya no queda!... ¡y ahora qué hago yo si no me gusta la leche a pelo y con estos cuatro polvitos que quedan no puedo hacer ni un blanco roto!...- Este fue el rebote que pillé al encontrar vacio el bote.
-Hay otros que no son Cola-Cao y que también soy muy ricos, mira, tienes este de EROSKI, tienes Nesquik, tienes...-
-¡BASTA!-
dije en voz alta dejando a mi mujer con la palabra en la boca y su catálogo de productos derivados del cacao a medio exponer.
Mosqueado por la falta de mi preciada sustancia y por el rugido de mis tripas el cual se iba acrecentando de modo avanzado, por no tomar la leche a pelo probé con los otros productos que había en casa y que según mi esposa, todos salvo yo, prefieren antes que el Cola-Cao. Y aunque dijé probé, mejor debería decir simplemente caté, pues basándome en mi amplia experiencia en el tema toqué el polvo con mi dedo o mejor dicho sólo lo toqué con la yema del susodicho. Me lo llevé a la boca y me lo chupé (el dedo por supuesto) y cuan experto en el tema fui descartando los productos uno por uno al tiempo que decía a mi mujer que eso no era cacao puro.
Y por no tomar la leche a pelo me fui para cama sin cenar, y pobrecito yo, que me fui inconsciente de la terrorífica, sí, terrorífica noche que pasé y que a continuación detallaré.
A las 00:35 o'clock en punto de la noche me fui a dormir tan tranquilo dándose la curiosa paradoja de que en cuanto pillé la horizontal ni dormí ni me mantuve tan tranquilo, pues una sensación rara se apoderó de mí y poco a poco esta sensación se fue agravando de tal manera que me provocó escalofríos y sudores fríos, temblores, espasmos, nauseas y vómitos... y hasta alucinaciones... sí, sí, ¡ALUCINACIONES!.
Los segundos fueron pasando y convirtiéndose en minutos, y estos fueron pasando y convirtiéndose en horas con la minuciosa exactitud y velocidad constante de cada 60 segudos=1 minuto y cada 60 minutos=1 hora.
Las horas pasaban tan lentamente que en un par de ocasiones comprobé si era cierto eso de la velocidad del tiempo y de la que hablo en mi anterior párrafo comprobando que sí, que efectivamente esa era la velocidad del tiempo lo cual me llevó a exclamar para mi mismo y mis adentros: "hijo de la gran puta que a veces pareces quieto y otras corres como el viento".
La 1:32, las 2:15, las 2:45, las 3:23, las 4:05, las 4:06, las 4:07, las 4:08... y así sucesivamente hasta que desesperado y harto de dar tantas vueltas sobre mi eje en la cama, a las 4:14 o'clock en punto de la madrugada me levanté y me fui para la cocina donde me puse a fumar cigarro tras cigarro bajo un estado de ansiedad que jamás había experimentado y dándole vueltas y más vueltas a mi cabeza y en torno a una de esas alucinaciones que poco antes había tenido estando en cama.
En ella se me acercaba mi madre mientras yo me encontraba en cama padeciendo las consecuencias antes descritas, traía en sus manos una taza de la que yo no sabía su contenido y de la cual salía una pajita para sorber. "Toma meu corazón", me decía al mismo tiempo que me la ofrecía sujetándola con sus dos manos ya que yo era incapaz de hacerlo por culpa de mis temblores.
-¿Qué es mamá?- pregunté con la voz entrecortada y sin mirar para la taza que ella sujetaba ante mi cara.
-Una tacita de Cola-Cao rico y calentito, como a ti te gusta-.
Y tras decirme esto, en mis alucinaciones yo le arrebataba violentamente la taza de las manos y me la bebía de un solo trago y luego con la pajita esnifaba los restos que quedaban en el fondo de la taza. Tras ello mis extrañas sensaciones se me pasaban y volvía a ser una persona normal dentro de mi anormalidad.
Le dí tantas vueltas a esta alucinación que llegué a la conclusión de que después de medio siglo tomándome Cola-Cao a diario, entraba dentro de la lógica el que yo fuese un adicto a esta sustancia y que su falta me provocase el lógico síndrome de abstinencia o mono.
Por lo tanto decidí no volver para cama y pasar lo que quedaba de noche esperando a que amaneciese para ir a pedir ingreso en las instalaciones que PROYECTO HOMBRE tienen en Santiago con el fin de quitarme de encima esa adicción que yo desconocía y que desde esa misma noche se había convertido en un nuevo problema del que preocuparme, ya que lo había pasado tan mal, tan mal, que estaba dispuesto a hacer lo que fuese para que no se repitiese.
Hasta preparé una bolsa de viaje con lo imprescindible contando con que me quedase ingresado, el cepillo de dientes, un tenedor, un par de calzoncillos y otro de calcetines, un pantalón aparte del que llevaba puesto más un par de jerseys y otro par de camisas. También metí y ocultas entre la ropa, las últimas tres galletas Principe de Bequelarre que quedaban de un paquete.
No creo que haga falta que diga el porqué oculté las galletas, pero si hace falta lo digo. Lo hice por el morbo que me daba introducir algo que sabía me iban a prohibir tajantemente.
Y preparado para irme al centro de desintoxicación, sentado en la cocina fumando ansioso cigarro tras cigarro y con la bolsa de viaje ya preparada y a mi lado, fui consumiendo las pocas horas que ya le quedaban a la que sería mi última noche en casa hasta que regresase a ella, completamente limpio y desintoxicado. Es decir, hasta que regresase siendo otro Manolo.
A las 8:00 o'clock en punto de la mañana, ansioso, desaseado y con un aspecto desastroso por la mala noche que había pasado, me levanté de la silla, cogí mi bolsa de viaje y me dispuse a abandonar mi hogar en silencio y sin despedirme, pues aparte de que a mi en particular no me gustan las despedidas, menos me gusta que otros se alegren de ellas y sobre todo cuando es a mí a quien despiden.
Me acerqué a la puerta de casa ante la cual me detuve para echar un último vistazo y justo en ese momento me vino a la memoria que a esa hora me tocaba tomar el tratamiento, por lo que me volví sobre mis pasos y me dirigí hacia el botiquín donde algo llamó poderosamente mi atención...
Conté una y otra vez los antidepresivos y no me salían las cuentas... me sobraba uno. Tiré de memoria y recordé que ayer no me acordé de tomar la pastilla.
¡ME CAGO EN MI PUTA MADRE!... ¡Que adicción al Cola-Cao y que cojones!... ¡una mierda!... ¡A LO QUE ESTOY ENGANCHADO ES A LA PAROXETINA!...
Que sí, que sí... que fue tomar la pastilla y a la media hora estaba normal dentro de mi anormalidad. Pero bueno, eso me tranquiliza muchísimo menos que una hipotética adicción al Cola-Cao, al menos la Paroxetina la receta la Seguridad Social en variadas versiones y con otros nombres... pero el Cola-Cao es único, inigualable y no hay ni habrá genérico que lo sustituya.

4 han comentado:

Dina dijo...

Joer, yo ya estaba dando gracias de que no me guste el colacao... con mi adicción a la cafeina y ahora a la soja, jejeje, tengo de sobras

Logio dijo...

Algo tiene, seguro, algo tiene.

Jose Senovilla dijo...

Bienvenido al club de los maniáticos, yo adicto a la pepsi.

Un abrazo.

Nieves LM dijo...

Aquí el que no corre, vuela, todos estamos enganchaos a algo. Besos.