miércoles, 10 de noviembre de 2010

De rapapolvo en rapapolvo y ya no recuerdo lo que es un polvo.

Distinguidos lectores, queridísimas lectoras, señores, señoras y señoritas en general, este que les escribe, usease yo, un hombre de pelo en pecho, (aunque en realidad no son muchos, yo diría que vistos así a ojo de buen cubero, calculo que tendré entre 300 y 350, pelo arriba, pelo abajo, pero por ahí andarán, no obstante soy contable y estoy capacitado para hacer cálculos a ojo. Y cuando el cálculo lo hago con los dos ojos las cuentas me salen casi exactas), de los que un cincuenta por ciento ya son blancos y el otro cincuenta por ciento aun son negros. Y aclaro para quienes no estén muy duchos en esto de las matemáticas y la ciencia numerológica, que el cincuenta por ciento de una cosa viene siendo más o menos la mitad, y las matemáticas no fallan ni cuando hablamos de pelos.
Sí, pese a considerarme un hombre varón y varonil, debo reconocer que claudico y bajo la oreja ante una mujer siempre y cuando ésta sea la mía. Hinco mis maltrechas rodillas de las extremidades inferiores y aguanto el chaparrón cuan velero aguanta el viento de levante y se deha llevar hasta poniente, y sólo me levanto cuando mi susodicha mujer calla la boca, momento que aprovecho y contraataco para acto seguido volver a hincarlas, malamente por culpa del menisco pero las hinco.
Y es que la vida de un hombre casado es muy dura. Sirva como ejemplo que ayer llegué a casa sobre las 20:00 o’clock en punto de la tarde y a las 20:05 ya había escuchado 3 rapapolvos de agárrate y no te menees.
Pasado el temporal y como si la cosa no fuese conmigo, acto seguido me comí un bocadillo tras el cual me fume un cigarrillo y por culpa de un poco de ceniza que me cayó al suelo y cuando al reloj marcaba las 20:13 o´clock exactamente, me cayó el cuarto rapapolvo de repente.
Lo peor de todo es que aun después de escuchar las broncas tiene que oirle uno decir a la parienta aquello de: “¿¡Dios! qué haría yo para que me tocase un hombre como este?.
Es por pura lógica elemental de que al tener pelo en el pecho no se tengan en la lengua, del mismo modo que se deforeste la frente y el cartón de la coronilla sea más que evidente, ese es al menos el caso de un servidor.
Y claro, a esa pregunta retórica que mi señora lanzó al aire le respondí yo con un :”pues sí, algo bueno harías para que Dios te concediese el premio de tenerme a mí por esposo”… Y no hace falta ser buen observador para observar que indirectamente intentaba decirle lo buena que era ella para que el Señor le concediese a mí como un regalo... Pero ella no lo entendió así y entonces sí que la jodí... la cosa quiero decir.
Porque el Señor es bondadoso ya que premia a los buenos y castiga a los malos, y si se diese el caso de que yo fuese un castigo para ella (cosa que modestia aparte no lo soy) la culpa en todo caso recaería sobre su señor padre quien casualmente viene siendo mi suegro y al cual yo sólo le pedí la mano de su hija y él me la dio entera, aunque mejor diría que me la vendió por la cantidad exacta de 13 monedas de peseta, que yo pagué al contado en el momento de la ceremonia con las monedas más rubias, brillantes y relucientes que pude conseguir, con el escudo de la Patria en una cara y en la otra la del monarca. Y eso que por aquel entonces aun rulaban por ahí las pesetas con la cara del caudillo, y estoy seguro de que si se la pago con monedas con la efigie de Franco, con lo facha y pesetero que es mi suegro me hubiese concedido el lote entero, usease, su hija, su mujer y una cuñada con la que no se lleva bien.
¡Uy!... se me ha vuelto a caer la ceniza al suelo... ¡joder!, esperad un momento a que le sople y la esparza debajo de la alfombra antes de que me caiga el quinto rapapolvos, el cual en este caso y dado que se trata de la caída de ceniza al suelo, sería totalmente injusto ya que lo que precisamente hago con este gesto es “rapar el polvo del suelo para ponerlo debajo de la alfombra”. Y no hay derecho… ¿a que no?.
Y ya que menciono lo del polvo, me voy a permitir el detalle de hacerme una pregunta retórica al estilo de la parienta… ¿me acordaré cuando me toque de cómo se hace eso?... es que pasó tanto tiempo desde la última vez que… Putos antidepresivos que le ponen a uno la líbido por los suelos.
Dicen las malas lenguas que eso es como andar en bicicleta y que nunca se olvida, pero la última vez que monté en una bici esta era de carreras y me pegué la hostia padre ya que me hice un verdadero lío cuando quise cambiar de piñón y no encontré el embrague. Apreté equivocadamente el freno de la rueda delantera haciendo una parábola de 180 grados centígrados en el aire y dándome con la nariz en el suelo.
Espero por mi bien que la próxima vez que monte a la parienta, lo cual preveo será uno de estos meses, no me vuelva a equivocar e intente pisar el embrague para cambiar de velocidad ya que pudiera ser que le pise el callo sin querer, porque tal y como es de carácter seguro que me remanga una hostia.
Teóricamente ya sé que para esos casos no se pisa el embrague, pero tengo algo de miedo a que a la hora de la verdad y cuando me toque desembragarla, pisarla y armar la de Dios es Cristo.
Esas cosas pasan y no me digáis que no, porque estoy seguro que muchos de vosotros cuando lo hacéis con la mujer o con la querida soléis apretarle o agarrarle las tetas, y eso mis queridos amigos no me lo podéis negar porque aunque de práctica últimamente ando mal, teóricamente sé que es un modo de embragar para que entre más suave.

6 han comentado:

Senovilla dijo...

Joder como te echaba de menos.
Un abrazo.

fermin dijo...

Tranquilo ,amigo, no estas solo. Eso nos pasa a muchos, pero lo hacen porque nos quieren. ¿A que si?

Logio dijo...

Mientras no vuelen cacharros....

Opaito dijo...

Es que este es nuestro premio, o te follan o te joen.

Un fuerte abrazo.

Amio Cajander dijo...

el dia que aparezca la ceniza debajo de la alfombra te va a caer el rapappolvo con sus correspondientes intereses

Dina dijo...

Pues no sé si es como ir en bicicleta... hace tanto del último que casi he vuelto a ser virgen... pero si la vuelvo a perder (la virginidad) te lo cuento