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lunes, 5 de marzo de 2012

Carteando con Mangines (cristianos recuerdos)

Dice un dicho castizo: "Dentro de la misma Iglesia tenemos el desengaño: por interés del dinero hacen a un moro cristiano".

Querido amigo Mauro, dos puntos..
Me voy a ahorrar el comienzo reglamentario dando por hecho que tanto usted como los suyos están tan bien como yo y los míos, lo cual de no ser así, yo sí se lo deseo y con eso queda todo dicho.
Recién acabo de leer tu carta y lo primero que debo hacer y merced a la educación que a base de escobazos y hostiazos me inculcaron, es agradecerte primero la respuesta y después la propaganda, hecho lo cual ya está hecho y por lo tanto paso a contarte lo que tenga a bien contarte sobre la Cuaresma y la Semana Santa, fiestas que por cristiana devoción familiar tuve que cumplir sin rechistar.
Debo decir que a servidor pese a ser creyente antiguamente, nunca le gustaron las iglesias, pese a lo cual y sabiendo del poder del Clero, probé a ser catequista durante un tiempo lo cual fue un desastre para la extensión de la palabra de Dios y de la Iglesia, tal como en antigua entrada de este humilde blog cuento y de la cual el título no recuerdo y por lo tanto no puedo enlazarla.
Aprovecho también, aunque haya pasado mucho tiempo de aquello y ya que nunca lo hice hasta ahora, mi agradecimiento al cura de la parroquia por confiar la palabra de Dios en mi persona y pedirle perdón por defraudarle, aunque él también tuvo su parte de culpa pues antes de otorgarme tan importante cargo, pienso que debió examinarme.
Te comento que por aquellos tiempos era yo bien criado y educado junto con mi hermano por parte de nuestros abuelos paternos, puesto que nuestros amados padres habían ido a ganarse los garbanzos a la Suiza, en la que 1 franco era igual a 14 pesetas, como bien dice una película y también sabían mis padres y abuelos.
Quiero decir con ello que en tradiciones cristianas fuimos educados a la más antigua usanza, por culpa de la cual y del rosario que mi abuela y la vecina rezaban a diario, perdime más de un capítulo de Bonanza.
La educación religiosa que mis queridos y difuntos abuelos tuvieron a bien querer inculcarnos por ser ellos hombre y mujer de profunda fe, era tan férrea que antes de acostarnos, tanto mi hermano como yo, que compartíamos cama, lecho y el mismo respeto a esa cristiana obligación de rezar una oración antes de meternos en cama, siendo esta y a la par y cada uno desde su lado, el: "Jesusito de mi vida, que eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón, tómalo, tómalo, tuyo es y mio no...", a la cual diría hoy: ¡y una mierda!.
Primero: Jesusito saltó a la fama a los 33 años, por lo tanto, en lugar de ser Jesusito debería ser Cristo, Jesús, o Suso para los amigos.
"Eres niño como yo"... yo si era un niño, él no y al anterior párrafo me repito.
"te doy mi corazón, tómalo, tómalo, tuyo es y mío no"... un inocente niño que da su corazón a un adulto... ¡los cojones!... ya lo daré si una vez difunto el menda le puede servir a cualquiera, se ponga como se ponga Monseñor Rouco Varela.
Esta oración se convirtió en un ritual del mismo modo que domingo tras domingo y después de la misa de 12, nuestros abuelos nos sometían al mismo interrogatorio:
"¿de qué color llevaba el cura la estola?"... (o como carallo se llame ese poncho que se ponen para decir misa); "¿de qué trató el sermón?" y de quién a quién era la carta que entre santos se escribieron en sus tiempos y los curas leen en voz alta en los nuestros. ¡Que indiscreción!, que poca vergüenza...
Y así domingo tras domingo, en cuanto sonaba la primera campanada, mi hermano y yo firmes frente a mi abuela para que nos peinase la raya bien recta, comenzábamos a recibir las pertinentes amenazas de la que nos vendría encima si nos "fumábamos la santa misa".
A la segunda campanada y cuan recio desfile encabezado por mi abuela en plan sargento fusilero, ambos los dos detrás, duchaditos, con la ropa de los domingos y la raya bien peinada, salíamos de nuestra casa para ir a la de Dios, que dicen también es la nuestra cosa que yo ni creo ni nunca he creído... (si también fuese la mía no le hubiesen reclamado a mi abuela que pagase los cristales de la ventana que de en más de una accidentada pedrada habíamos hecho añicos tanto mi hermano como yo).
A la tercera campanada mi abuela nos abandonaba a las puertas de la casa de Dios, asegurándose bien de que las cruzásemos de fuera para dentro, haciendo guardia fuera sabiendo como sabía que en cuanto ella diese media vuelta, mi hermano y yo volveríamos a salir por donde habíamos entrado. Hecho que de hecho se producía minuto más, minuto menos, pues si algo teníamos claro es que mi abuela a esa hora tenía que volver a la cocina, pues igual que esta tradición religiosa se cumplía a rajatabla, se cumplía de la misma forma la puntualidad a la hora de sentarnos a la mesa los domingos, siendo ésta a las 2 o'clock en punto de la tarde para así tener tiempo mi abuelo de echar la siesta antes de poner el Carrusel Deportivo.
Teníamos tiempo a ver el color de la prenda que vestía el cura según la ocasión, variando esta de color tal y como sabrán los que a misa van, que el color lo cambian también por ritual. De esto nos dimos cuenta mi hermano y yo cuando una vez nos lo preguntaron respondiendo ambos que verde, pues así era como casi siempre solía ser. Y nos cayó una hostia a ambos los dos pues no sé por qué coño de razón y según la tradición, cambiaban el verde por el morado. Una hostia además bien plantada y a cada uno en su correspondiente cara. Ese domingo mi abuela nos dio de comulgar a ambos pasándose por la peineta la santa tradición de no recibir la hostia sin haberse confesado antes.
En cuanto a lo del sermón lo arreglábamos con un "un sermón de D. Víctor para decirnos que fuésemos buenos"... y éste fue colando durante un tiempo.
Lo de la carta lo arreglábamos con una fingida discusión entre mi hermano y yo en la que uno decía que era de San Pablo a los Corintios y el otro le discutía que si era de San Pedro a Los Vikingos, por poner un ejemplo.
Ya siendo un poco mayorcito y cuando de mis huevos brotaban los primeros pelos, con mis abuelos resignados a que la religión de mi hermano fuese el F.C. Barcelona y la mía los Rolling Stones, me tocó mi último profesor en la escuela, uno que también por tradición todos los días a las 12:00 o'clock en punto del mediodía, fuese ciencias, fuese lengua o matemáticas, matemáticamente paraba la clase y nos hacía rezar el Ángelus, cosa que quien más quien menos se tomaba a cachondeo, pero no así D. Antonio del Real (¡Viva Dios, la Patria y Franco), pues al que pillase haciendo gracias o riendo en tan serio momento, una vez acabada la oración y a base de hostias, que es como desde siempre se impartió la religión, le ponía la cara y el culo tan morado como la prenda aquella de los cojones que a mi hermano y a mi nos costó dos sendas hostias por confundir con el verde de casi siempre.
Y esa es otra amigo Mauro. Otra de las cosas que podemos recordar en próximas cartas, aquellos tiempos de colegio, nuestros colegios, o los colegios de nuestros tiempos, alguno en el cual entraba desfilando y cantando aquello de "prietas las filas, recias marciales"... y otros cánticos que a muchos profesores les sonaban a coros celestiales.
De todo había y de ello hablaremos en una próxima carta.
Ahora me despido a mi manera, con un hasta ahora simplemente, pues sé que por aquí o por el feisbuk y me repito a mi anterior carta o escrito en la que como he dicho, voy a mear y te tengo detrás... o viceversa.



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P.D. A mi amigo Fermín: ¿tú y yo de cofrades y con un estandarte a cuestas?... eso lo saca el Matías Prats en la tele, jajaja.

viernes, 10 de febrero de 2012

Mexes, madames... por mucho que les joda ¡ESPAÑA CAMPEONA!.

ESPAÑOLES !... Y ESPAÑOLAS TAMBIÉN...



Puede ser que al reloj que me gasto, un CASIO DIGITAL con calculadora incorporada, cronómetro y calendario, y que aparte de estas funciones sirve también para mirar el horario, se me esté quedando sin pilas pues hoy me he dado cuenta que me entero de las cosas con retraso, debiendo aclarar a este respecto que al hablar de retraso me estoy refiriendo al tiempo, pues yo que soy de mente ágil cuando estoy despierto suelo enterarme de lo que me dicen siempre en ese preciso momento, aunque también debo reconocer que más de una vez algún chiste que me contaron sí lo pillé con retraso.
A lo que me estoy refiriendo es a lo retrasado en tiempo que me enteré de que nuestros vecinos franchutes acusaron a nuestros campeones de ganar trofeos gracias a que se meten chutes. Yo en esta acusación debo darles toda la razón del mundo, pues fue no obstante gracias a un chute de Iniesta somos CAMPEONES DEL MISMO... Y por la parte que me toca por ser de corazón rojiblanco, también CAMPEONES DE EUROPA gracias al gol de Fernando Torres.
Por lo tanto y como español debo salir en defensa de mis deportistas compatriotas, insluso de aquellos que compiten sin pelotas, lo cual quiere decir que si hay que salir en defensa de un ciclista, se sale, y si lo hay que hacer de un jinete, pues también se sale, y si es al caballo a quien hay que defender seguro que en el paro hay más de un veterinario y puede que algún que otro abogado.
Quiero creer y creo, que a los gabachos les viene de muy atrás el mosqueo, pues efectivamente hay que reconocer que el gol que le metieron a Arconada en aquella famosa final de Eurocopa jugada precisamente en Francia, tal fue aquella cantada que cualquiera podría pensar que a nuestro cancerbero o bien lo pillaron en lo más álgido de la cogorza, o en lo más bajo de la resaca.
Otra explicación no cabe, porque yo cada vez que veo o recuerdo como fue tirada aquella falta y basándome en mi experiencia como portero del glorioso F.C. TORPEDO, puedo asegurar y aseguro que Arconada había situado bien la barrera y él estaba bien colocado... tanto que el balón se le escurrió bajo el cuerpo como a mi una vez una trucha de la mano.
No obstante y pese al clamoroso fallo de nuestro cancerbero y gracias al cual los gabachos pudieron coger la copa en sus manos, ni yo ni ningún otro español que ahora recuerde las pagó con él pese a haber fallado garrafalmente en su cometido puesto que hasta yo hubiese parado aquel tiro y seguro que con los huevos. No por huevos, sino que con los huevos, lo cual es tan distinto como parecido.
Porque aquí donde me leéis yo no era un mal guardameta. Tenía además un "don" que no todos los porteros tienen y es el de que cuando uno para todo o casi todo, se le dice que "tiene imán" para atraer los balones, y yo tenía ese magnetismo repartido por toda la piel que cubre mi organismo por lo que puedo decir he evitado muchos goles parando balones con mis cojones.
Aquella zona junto con la cara tenían ese imán que atraía a mi las pelotas, siendo precisamente mis pelotas la parte que más balonazos recibía, tantos recibí en tan noble zona que en más de un partido llegue a desconfiar de mis propiedades "pelotomagnéticas" y creer que el delantero tenía buena puntería y ponía el balón donde quería.
Pero cuidado, que yo también tenía mal genio. Una vez Carlitos "el vaca enferma", me dio tres seguidos en el primer tiempo del partido. Exactamente fueron uno por uno es uno y por este mismo orden sucesivo: el primero fue en la cara a un disparo a bocajarro a tres metros de la meta. Corner indiscutible y ovación de gala para mí procedente de "Rosita", única expectadora del partido y mi prima para más señás, que si iba a vernos era más porque le gustaba nuestro extremo central que por lo que le gustaba el fútbol.
Luego acabó enrrollándose con nuestro delantero centro, también con nuestro media punta, con el central, con ambos extremos y con los dos laterales titulares y uno de los suplentes. Vamos, que pese a ser mi prima y todo eso de "cuanto más prima, más se le arrima" nada de nada, pues de todo la plantilla fui yo el único que no le tocó las tetas... y vete tú a saber si la cosa paso de ahí y qué más coño le tocaron.
El segundo fue en los huevos tras una pelota perdida al borde del área pequeña que Carlitos aprovechó para disparar a puerta, pelotazo en los cojones y balón rechazado que vuelve a los pies de Carlitos que se aprovecha y me bate por séptima vez en el minuto 15 de partido.
Lo peor que nos podía pasar a los porteros a veces no era el que te metiesen un gol, lo peor es que las porterías, que se marcaban con un montón de piedras no tenían redes que detuviesen el balón y al tener el terreno de juego una pronunciada inclinación, recuerdo que tras aquel gol tuve que ir a coger el balón tres barrios más abajo tardando en volver un tiempo del carajo, ya que recuerdo haberme parado en el kiosko a comprar un par de bolsas de pipas para comer mientras jugábamos el partido ya que me aburría dado a que el rival apenas inquietaba mi portería.
Nada más sacar de centro, Carlitos volvió a hacerse con el balón dividido en el centro del campo (si no sabes de fútbol busca lo que significa esto en google) y corrió con él pegado a sus pies hacia mi puerta.
Yo recuerdo haberle gritado a nuestro central Javi "el ballena" que le saliese al paso y lo parase como fuese, éste obediente a mis órdenes salió al paso de Carlitos cuando Carlitos ya había pasado, por lo que en un plis plas lo tuve al borde del área pequeña viéndome en la obligación de tener que tirarme a sus pies en una arriesgada intervención y así robarle el balón ilegalmente.
No vayan a pensar que al decir que se lo robaría ilegalmente me refiera a quitárselo mediante una entrada violenta a lo Pepe. No señor, pese a que muchas veces he tenido motivos para ser violento siempre he sido tranquilo y comedido, además que puestos a arrebatar el balón de forma legal me hubiese bastado con decir "dame el balón que me voy a merendar" pues aquel día jugábamos con el mío.
Pero no, yo era el portero del Glorioso F.C. TORPEDO, el equipo de la Ponderosa de abajo y esa no sería la primera vez que remontaríamos un 7-0 a los 15 minutos del primer tiempo, además de que en partidos anteriores y ante nuestros eternos rivales a los que jugando al fútbol contabilizo sólo dos victorias, cero empates y ni una sóla derrota a sopapos, cuando nos metían más de 9 ya tiraban la toalla, pues si algo nos caracterizaba era por ganar con honor y perder con resentimiento y ensañamiento, lo cual infundía un temor al rival exactamente proporcional al aumento de las patadas que íbamos dando a medida que el resultado se nos iba complicando.
Por continuar comentando la jugada diré que me arrojé a los pies de Carlitos en el momento que este tiró a meta, interponiéndome entre el delantero y la susodicha con la buena suerte que corté la trayectoria del balón y la mala hostia que lo hice con los morros, lo cual me provocó una hemorragia sanguinaria por la nariz que contagié a Carlitos en forma de puñetazo cuando al echarme las manos al susodicho orificio nasal comprobé que de ésta me salía sangre roja como la sangre.
Y se armó tal tangana que me río yo de las del Madrid-Barcelona. Al poco rato reanudamos el partido y en 5 ó 6 minutos ya se lo habíamos empatado, pues hostia más patada menos debimos repartir aproximadamente 31, (1 fue la mía y las de los otros unas 30), con lo cual quedó mermada la moral del rival.
La segunda parte comenzó como la primera, es decir, poniendo el balón, MI BALON en juego. 5 minutos más tarde ya nos habían clavado otros cuatro mientras que nosotros no pasábamos del medio del campo y eso que nos tocaba jugar cuesta abajo.
Corría aproximadamente el minuto 66 de la segunda parte y viendo que aquel 17-7 era ya inalcanzable, Toño "el cabreiro", el cachas del equipo, "nuestro Iniesta" aunque por aquel entonces él admiraba a Amancio ya que el manchego ni siquiera había sido concebido, elegante en el juego, potente en el disparo y con más mal perder que el dedo de Mouriño, se acercó a mi meta y me dijo por lo bajo: " vete adelantandote Manolo, que a estes los vamos a correr a hostias hasta sus casas".
Y así fue, yo disimuladamente me adelanté lo suficiente y para quienes me conozcan el por qué me adelanté es más que evidente. Para quienes no me conozcan dejaré claro que por ser el menda cojo cuando de correr se trataba solían dejarme salir con ventaja.
Así que presto y dispuesto esperé un tramo más adelante, se lió tal tangana sobre el terreno de juego que no llevaba ni medio minuto esperando cuando los componentes de "LOS LEONES DE LA PONDEROSA DE ARRIBA" echaron a correr hacia donde yo estaba perseguidos a patadas y pedradas por los "F.C. TORPEDOS DE LA PONDEROSA DE ABAJO".
Al llegar corriendo a donde yo los esperaba y si mi memoria no me falla, cuento que al menos lancé 5 puñetazos de los que 3 fueron al aire, 2 hicieron blanco y que a uno derribé de un zancadillazo.
Sí, reconozco que éramos mal perdedores pero no tanto como los franchutes. Y aunque a nuestra corta edad se podría decir que nos estaban creciendo, al menos nosotros, unos simples críos de barrio si perdíamos por lo legal inflábamos a hostias al rival y nos imponíamos por cojones, pero lo que nunca, nunca hicimos, fue perder llorando y desprestigiar con rumores.
Mexes, madames y muamuasels de la vecina Francia, por mucho que les joda ¡ESPAÑA CAMPEONA!.

¡ FRANCHUTES, LLORONES, ESTA ES NUESTRA DROGA Y TAMBIEN NUESTRA BANDERA !.

viernes, 12 de junio de 2009

Fútbol, fichajes y tesoreros corruptos

Distinguidos lectores, queridísimas lectoras, ayer ha saltado la noticia del tan deseado fichaje de Cristiano Ronaldo por parte del Real Madrid, por la cantidad de 93 millones de euros, que dicho así son nada más que 17 caracteres, ahora bien, pásalo a pesetas y verás como alucinas.
Soy de los que aún tiene que traducir euros a pesetas para valorar el dinero, por lo que intento hacer un rápido cálculo mental con esa cantidad y descubro que tengo la mente demasiado corta para meter una cifra tan larga, afortunadamente esta carencia queda compensada con el buen tipo que tengo.
Hacía mucho tiempo que el fichaje de un jugador no levantaba tanto revuelo. Que yo recuerde ahora los fichajes de Cruiff y Maradona habían levantado una expectación semejante, pagándose por ellos unas cantidades que para aquellas épocas eran también desorbitadas.
Fue en el año 1.974 cuando el fútbol de aquí abrió sus puertas a los jugadores extranjeros, lo cual si mal no recuerdo fuera gracias a la presión del Barça, que tenía el fichaje de Johan Cruiff amarrado por una cantidad igual de desorbitada.
La llegada del holandés dio al Barcelona el título de liga, que si la memoria tampoco me falla llevaba 14 años acariciando pero no tocando.
Por aquel entonces todos los equipos se contagiaron por la fiebre de fichar extranjeros y todos se reforzaron con jugadores llegados del otro lado de los Pirineos, y algunos con otros llegados desde el otro lado del Atlántico, que aun queda más lejos.
También el equipo de mi barrio, Los Torpedos C.F, nos dejamos llevar por esta fiebre y fichamos a dos figuras foráneas, Chony y Javi “el de la tía Lolita” (era mi primo). No eran extranjeros pero eran de dos barrios más abajo, que casi viene a ser lo mismo a todos los efectos.
Y también tuvimos que desembolsar una importante cantidad de dinero para traerlos, no en concepto de fichaje, pero había que pagarles el autobús para que viniesen a jugar y eso era un lujazo para nuestras pobres arcas, formadas por dos envases vacíos de Cola-Cao, de los que uno era para guardar las 2 pesetas que únicamente cada miembro del equipo daba a la semana y en la yo como tesorero me encargue de que nunca llegasen a guardarse más de 15 pesetas.
Recalco que sólo pagábamos los miembros del equipo porque en el mismo no había miembras y Bibiana Aido aun no había nacido, y ello pese a la insistencia de mi vecina Rosamari en querer ser la masajista. Si fuese hoy vaya que si la hubiésemos dejado ser, aunque sólo fuese en agradecimiento por haber desvirgado a medio barrio.
En el otro bote teníamos el botiquín, en el que siempre había un bote de alcohol, un par de tiritas y una venda.
Aquellos dos fichajes no reportaron ningún beneficio a la maltrecha economía del club, aunque la verdad es que tampoco llegaron a suponer un lastre para la misma ya que sólo cobraron las dos primeras semanas, las demás se pagaron ellos el bus o vinieron andando. Esa fue sin duda una de las mejores gestiones realizadas por mi.
Pero volviendo al tema de Cristiano Ronaldo y el Real Madrid, quiero decir que el fútbol es un negocio como otro cualquiera y aun a pesar de mi antimadridismo, sé que al final acabarán rentabilizando estos fichajes, lo que no quita que piense en que es un disparate pagar semejante cantidad por alguien para que sólo de patadas a un balón.
En este caso opino igual que Laporta con la única diferencia en que yo lo hago en castellano, y creo incluso que alguien debería poner freno a tanto desenfreno, quizás poniendo un límite de dinero a pagar, o mejor aun, poniendo de tesorero a un tipo tan austero como el menda.
Por cierto que el año en que jugaron nuestros foráneos en el equipo conseguimos el único doblete de nuestro palmarés, ya que vencimos por primera y única vez en nuestra laureada historia a nuestros eternos rivales “Los Leones”, al mismo tiempo que por enésima vez los corrimos a ostias y patadas hasta que llegaron a su barrio. Foto de los Torpedos C.F, sacada el 17 de marzo de 1.974, en la que figuran nuestros dos fichajes foraneos: Javi "el de la tía Lolita" es de los que están de pié el segundo por la izquierda y Chony el cuarto.
Con camiseta negra y de portero está el menda, que con mis paradas llegué a emular al archiconocido guardameta ruso apodado como "la araña negra", ganándome así también el apodo entre los míos de "la oveja negra del equipo".
Formación del equipo en esta foto. De pie y empezando por la izquierda: Toño "el cabreiro", Javi "el de la tía Lolita", Javi "el ballena", Chony, Manolo, José Manuel y Victor "el cabreiro".
Agachados: Carlos "el pigmeo", Cándido "el bgagas", Joaquín "el machaquito", Farruco, Genaro y Santi (mi hermano).
A todos ellos mando un saludo desde aquí, aunque dudo de que me lean.

viernes, 9 de enero de 2009

¿Existe Dios?... ¿no existe?... ¿viaja en autobús?...

Hoy al mediodía cuando tomaba tranquilamente el café dieron una noticia en la televisión y se me puso el cuerpo de tal manera que tuve que ir corriendo al baño, aunque lo de ir al baño a toda prisa es efecto del café.
Y estando con mis posaderas acomodadas en el inodoro le dí vueltas a la noticia de la tele hasta que se me encendió la luz, la luz de la inspiración ya que la del baño la había encendido yo manualmente un poco antes de bajarme los pantalones.
La noticia a la cual me refiero decía que en los autobuses urbanos de Barcelona van a poner una publicidad que dice: DIOS NO EXISTE, ASÍ QUE DEJA DE PREOCUPARTE.
Y que esta publicidad será contrarestada con otra que pondrán en los autobuses de Madrid y que dirá: DIOS SI EXISTE… y no recuerdo que más.
Y lo que a mí me choca es que sean los catalanes precisamente quienes digan que no existe. Apostaría lo que no tengo a que la idea de la propaganda esa salió de la cabeza de un seguidor del Español, porque mi hijo, mi tío y un compañero de trabajo dicen que Dios existe y se llama Leo Messi.
En mis tiempos de catequista… sí, ¿qué pasa?, ¿es que tú no tienes un pasado?... pues yo tengo unos cuantos y algún día hablaré de ellos, pero hoy toca mencionar mi pasado religioso, el más decente que tengo.
Fue breve, muy breve. Había que entrenar a los más pequeños para recibir la primera comunión, el cura pidió voluntarios por el barrio y nos tocó a cuatro o cinco que pasábamos por allí. 12 ó 13 años tendríamos, y yo no recuerdo cuanto aguanté pero cuando me marché los otros aún quedaban.
Reconozco que al principio la idea no me pareció tan mal, no me refiero a la de predicar la palabra de Dios, si no a la de tener mando y autoridad ante la chiquillada. Pero cuando me asignaron a mis ocho “pequeños saltamontes” ya entendí que aquello no era para mí.
Minguitos, Joaquín “el Machaquito”, Candido “el bgagas”, Farruco… ¿es qué no había otros padre?... ¿pero cómo coño voy a enseñarles la palabra de Dios, si después me voy a mangar fruta o jugar al futbolín con ellos?.
Ahora que lo pienso creo que aquello fue un experimento del tipo “Gran Hermano” llevado a cabo por el cura que era muy moderno para aquellos tiempos. Todos metidos en la Iglesia, sin cámaras pero bajo la atenta mirada del Espíritu Santo en forma de paloma que sobre el hombro de un santo no nos quitaba ojo de encima.
Les tenía que enseñar un catecismo pequeño y si mal no recuerdo creo que se aprendieron las dos primeras preguntas, las cuales se respondían con un SI o un NO.
Les dí la absolución y el aprobado y presenté mi dimisión irrevocable bajo el pretexto de ir a mear a la “carballeira” (robleda).
Con los curas no funciona la excusa de salir a comprar tabaco, los muy jodidos son capaces de encargarte que también les lleves un paquete para ellos.
Pero refiriéndome a la pregunta de si Dios existe o no, puedo asegurar que en ese tiempo que he estado en su casa trabajando mano a mano con uno de sus empleados en llevar su evangelio por ahí, juro que no lo he visto y por lo tanto no sé si existe o no, pero puedo asegurar que San Cayetano sí existe porque lo he visto con mis propios ojos.
Está allí, de pie en el altar de la parroquia de mi barrio, tiene barba, una cosa redonda y amarilla alrededor de su cabeza y antiguamente tenía una cajita a sus pies con un cartelito en el que se leía: “Para arreglar el tejado de la Iglesia”.

domingo, 21 de septiembre de 2008

¿Nos hacemos una paja?...

Curso escolar 1.972-1.973, Colegio de San Jerónimo, 7º curso de E.G.B., un día cualquiera en clase de religión.
D. Salvador se dirigía sudoroso a sus alumnos quienes se las hacíamos pasar canutas con nuestras incómodas preguntas, todas ellas relacionadas con los actos impuros que hacían pecar contra el sexto mandamiento.
-sobarse los genitales o masturbarse, aparte de ser pecado, es una porquería que te puede acarrear graves problemas con la vista, e incluso la ceguera-.
Y las miradas de todos los alumnos se volvieron hacia Villaverde… era el único que tenía gafas, y además de las de culo de botella.
Una mano se alzó pidiendo permiso para hablar
-¿qué quieres Giadás?-.
-¿y qué es masturbarse?- preguntó el simpático de la clase.
Una buena pregunta y de la que todos teníamos una idea más o menos aproximada de por donde iba la respuesta.
La voz aflautada de Rilo se escuchó desde la última fila de pupitres –es hacerse una paja, imbécil-. Y los 35 alumnos estallamos en una sonora carcajada.
D. Salvador puso orden en la clase y la dio por concluida cuando sonó el timbre, dejando sin responder la pregunta de Giadás, y al resto con la duda.
Fuera del aula, cinco o seis alumnos hicimos corro alrededor de Villaverde, que aparte de repetir curso llevaba gafas, así que nadie mejor que él para sacarnos de la duda.
-¿cómo se hace una paja, Villaverde?-.
-sacudiéndote la picha-.
-¡ostras!, pues yo me la sacudo siempre después de mear
- dijo Otero.
-¡toma!, como todos… hasta tres sacudidas es lo normal, pero si la sacudes más de tres ya es una paja-.
-pues mi primo el mayor dice que para ser paja te la tienes que sacudir por lo menos una docena de veces. Y tiene 16 años, por eso lo sabe
-, apuntó García, que por ser el listo y el chapón de la clase su razonamiento adquiría el valor de una lección.
-¿tú primo tiene gafas?-, preguntó Martínez.
-no-.
-pues Villaverde sí y mira que cristales más gordos, así que si Villaverde dice que es a partir de tres, es a partir de tres-,
lo dijo Seoane, y como era el macarrilla de la clase, su razonamiento fue incuestionable y la reunión se dio por concluida.
Caminaba para casa en compañía de Casal cuando a éste le entró una repentina gana de mear. Se apartó del camino, se puso frente a un muro y me llamó.
-¡eh, Losada!... ¿y si nos hacemos una paja?...-
-vale- respondí sin dudarlo y me puse a su lado.
Cuando la última gota de orina salió de su miembrillo, comenzó a sacudírsela sin piedad y luego estar un rato haciéndolo se vuelve a dirigir a mi.
-no sé tío, empiezo a pensar que ni Villaverde ni el primo de García saben lo que es una paja, porque debo llevar unas 30 sacudidas y aun no le pillo el gusto… ¿y tú que tal?-.
-yo aún no empecé porque no me da salido el meo-.
Casal dejó lo que se traía entre manos volviéndose hacia mí con una cara entre incrédulo y asombrado, me dijo algo y fue la segunda cosa relacionada con el sexo que aprendí ese mismo día.
-¡ostras tío, eres impotente!...-

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Nota:
Los oftalmólogos aseguran que el uso de gafas no tiene nada que ver con la masturbación.

sábado, 5 de julio de 2008

El viaje de Julito


Hoy viendo por casualidad la foto que acompaña esta entrada, me acordé de un hecho ocurrido hace muchos años a un amigo de la infancia y que me parece digno de ser contado..
Julito “El Peli” era un tipo de lo más singular, simpático sin querer y el campeón de los trastes. Tenía el cuerpo totalmente cubierto de pecas y el pelo del color de una zanahoria, de ahí que también le llamásemos así “El Zanahoria”, cosa que no le gustaba nada.
Cada verano los chavales del barrio nos las ingeniábamos a diario para recorrer los 15 kilómetros de distancia que había desde Santiago hasta el río Ulla, para darnos un chapuzón. A veces lo hacíamos en bicicleta, otras en auto stop y de la forma que sólo un tipo como Julito sería capaz de hacer y que a continuación relato.
Ese día decidiéramos hacer dedo por lo que nos acercamos hasta las afueras de Santiago en dirección por la que se iba hacia el río.
Nos pusimos en el mismo sitio de siempre, formamos dos grupos y pusimos el pulgar en posición. Por lo general no echábamos mucho tiempo a la espera de que nos parasen, pero ese día y cuando los del primer grupo ya habían sido recogidos hacía un buen rato, las impaciencia se apoderó de Julito, que al paso de un destartalado camión cisterna y tras despedirse de nosotros con un: "nos vemos en Pontevea”, echó una carrera y aprovechándose de la velocidad lenta que el viejo Barreiros llevaba por ser una cuesta bastante pronunciada, se encaramó a la escalerilla de la parte trasera de la cisterna, desde la que nos dijo adiós con la mano.
El bueno de Julito que en esos momento debió pensar que todos los caminos conducían a Roma, no tuvo en cuenta que al final de la cuesta la carretera se abría en dos, una con dirección a Ourense y otra hacia el que era nuestro destino.
Y mira que mala suerte tuvo que en lugar de ir hacia donde él quería el camión tomó la otra dirección. Y como todo lo que sube, acaba bajando, al final de la cuesta comenzaba otra pero hacia abajo por lo que el camión alcanzó una buena velocidad.
Y allá se nos iba el Julito para Ourense.
Aguantó unos cuantos kilómetros allí enganchado hasta que se dio cuenta que o saltaba al vuelo o acababa sabe Dios donde.
Hizo señas a los coches para que guardasen distancia del camión: sepárate que voy a saltar. Pero el camión llevaba velocidad y no encontraba el momento para hacerlo.
Hasta que en una subida aminoró la marcha. Ahora o nunca pensó y tras señalizar la maniobra a la fila de coches que llevaba detrás, saltó y rodó por el asfalto magullándose e hiriéndose en más de tres cuartas partes de su escuálido cuerpo.
Y cuando maltrecho se puso en pie, contó Julito que pensó aliviado que lo peor ya había pasado. Contó también que pensó ahora tocaba volver para Santiago, así que cruzó la carretera para hacer auto stop al otro lado, que eso está chupado.
Contó también que cuando vio aparecer al mismo camión de vuelta, pensó que era una lástima que siendo cuesta abajo no pudiese encaramarse de nuevo a la escalerilla para hacer el viaje de regreso.
Y contó también la sorpresa que se llevó cuando el camión se detuvo delante suya. También contó que el conductor bajó muy enfadado y se dirigió hacia él y contó la paliza que le dio aunque no contó cuantas hostias le metió, sólo dijo que habían sido muchas.
Julito regresó a casa muy tarde, haciendo los 18 kilómetros de distancia que había recorrido colgado en la escalerilla, parte andando y parte en auto stop, y lo hizo magullado y con los dos ojos empavonados.

martes, 13 de mayo de 2008

Cosas del colegio

Hoy he conocido al hermano de mi vecino que vive en Francia desde hace 15 años, está casado con una mujer de aquel país y tiene un hijo muy simpático de 8 años, que por cierto me hizo sentir avergonzado, porque hay que ver lo bien que habla el francés el niñato y yo con casi 48 años y no tengo ni puta idea.
Y claro, escuchando al niño hablar uno entiende el por que los políticos y la gente de bien y de buen apellido mandan a sus hijos a estudiar al extranjero, porque… que nivel, Maribel.
Las cosas hay que decirlas como son y aquí el sistema educativo y el nivel académico están por los suelos. Y lo digo yo que tengo dos hijos estudiando en la pública, una en primaria y el mayor en bachillerato.
Por cierto que una lumbrera el chaval… si no fuese porque los profesores le pillaron manía y de nueve asignaturas le suspendieron seis.
Lo que más me llama la atención es la falta de respeto que los alumnos tienen a los profesores. Por la tele te enteras de cosas que pasan en institutos de las grandes ciudades y alucinas, pero piensas que en un pueblo tan pequeño como este en el que vivo esas cosas no pasan, hasta que te enteras de que un niñato del instituto intentó tirar a una profesora por la ventana, y te quedas acojonado.
Es que los profesores desde que dejaron la “Manolita”… sin cachondeos con lo del nombre, eh!, que con la “Manolita” me han puesto más de una vez el culo como un tomate. Mira tú también que puñetera casualidad que casi todas las varas con las que pegaban llevaran ese nombre.
Y eso que tampoco era yo de los que más llevaron con la vara, pues yo era de los más aplicados de la clase… de la clase de estudiantes como yo quiero decir.
Pero bueno, no todos los profesores pegaban todo hay que decirlo…aun los había peores. Los de “para mañana me traes quinientas veces copiada la frase: no se le llama King Kong al gordo”…¡venga ya!, aplíqueme la “Manolita”, no me joda la tarde.
Es que era mejor llevar cuatro o cinco vareadas en el culo que pasarse un par de horas escribiendo la puñetera frase.
Lo que tienen de bueno los colegios de ahora es que en el aula puedes estar con chicas, antes no, aunque yo los tres últimos curtos los pasé con Sánchez, al que llamábamos “Toñita” y no creo que haga falta decir por qué.
La verdad es que no me imagino aquel último curso de 8º de EGB con chicas en el mismo aula, pues si ya fue un curso complicado para “Toñita”, no me quiero ni imaginar si en lugar de un afeminado fuese una chica de verdad.
Otra de las diferencias es que ahora no los obligan a ir a misa, en cambio antes el primer viernes de cada mes nos hacían misa en el salón de actos y en la que por castigo al que le tocaba estaba obligado a comulgar.
Pero tampoco era este el único día que te daban la comunión, pues para eso cualquier día podía valer, de hecho tiene habido alguno en el que me han dado para comulgar dos hostias por la mañana y otras dos hostias por la tarde.
En fin, que recuerdos…
Para acabar, dejo este vídeo para acompañar esta entrada en el que se refleja el nivel de nuestros alumnos y que al mismo tiempo sirve para enlazar con otros post dentro del juego que nos traemos la cuadrilla y el que esta ocasión trata sobre respuestas tontas.


D. Federico se pondría las botas repartiendo collejas entre estos chavales.

lunes, 12 de mayo de 2008

Massiel forever

Últimamente estoy oyendo decir que Massiel ganó aquel festival de Eurovisión con su famoso La La La, gracias a que el jurado había sido sobornado.
Esto es una terrible contrariedad para quien siendo un niño se quedó enamorado de aquellas piernas y pasmado ante la contemplación de aquellos sobacos depilados, algo nunca visto hasta ese día.
Aquella cantante española enseñó a Europa que nuestras mujeres nada tenían que envidiarle a las extranjeras contra las que sí podían competir en belleza, aunque hasta esa noche no lo habían hecho enseñando pierna por culpa de la “decencia” del régimen.
Hasta que Massiel fue a Eurovisión con su vestidito y sus acompasados movimientos al ritmo del La la la, que me tuvieron pasmado ante el viejo Telefunken esperando que con los movimientos y el vuelo del vestido, poder ver un poco de lo que tantas y tantas veces he visto en mi imaginación o en el tendero de alguna vecina.
Y no era yo el único que estaba pendiente de sus movimientos, pues tengo igualmente grabada la imagen de mi abuelo sentado a la mesa a la hora de la cena, pasmado también ante la actuación de nuestra cantante y con la cuchara en la mano y ésta quieta y parada a mitad de camino entre el plato y la boca, la cual tenía abierta de asombro.
Y es que la actuación de la cantante española supuso toda una revolución para quienes hasta ese día no habían visto nada más atrevido que el anuncio del Cruzado Mágico o la chica en biquini que el deportivo AS traía en la contraportada.
Que injusto que precisamente ahora, casi 40 años más tarde que aquella calurosa noche, quieran arrebatarnos el primer triunfo conquistado por la España que recortaba la falda y quería ser moderna … y que estos sean precisamente los ingleses que aun tienen Gibraltar, es el colmo.
Recuerdo por aquel entonces las discusiones que tenía con mi amigo Toño Taboada, defensor a ultranza de la belleza de las morenas, mientras que yo defendía a capa y espada la de las rubias, tanto era así que en el colegio me costó alguna bofetada, sobre todo aquel par de hostias que D. Roberto me estampó en toda la cara cuando a la indicación suya de: "quienes quieran estudiar francés que se apunten en la clase de D. Santiago y los que quierean estudiar inglés a la de D. Salvador".
-¡D. Roberto!-,
lo llamé al mismo tiempo que muy educadamente pedía turno para hablar con la mano levantada, -¿y los que preferimos estudiar a las inglesas, dónde nos ponemos?...
A buenas horas me arriesgaría hoy por una hija de la Gran Bretaña… ¡que les den!, que gracias a Massiel, me he dado cuenta de que las morenas también son hermosas y por ende las españolas.
Y lo he hecho mucho antes de que los ingleses se dieran cuenta de que las mujeres españolas no tenían bigote tal como ellos decían. Para sacarlos de esta apreciación equivocada fue necesario que una tal Bienvenida Pérez se cepillase a una parte de la Cámara de los Lores y que Massiel enseñase pierna y sobaco para que viesen que la depilación también había llegado a España.
En fin, que para acabar esta entrada nada mejor que decir desde aquí que nuestra victoria no admite ni un simple pelo de dudas, y como no, ¡QUE VIVAN LAS MUJERES ESPAÑOLAS!... y si los ingleses quieren que les devolvamos el título, que vengan a por él… pero que traigan las Escrituras de Gibraltar, que aquí tenemos que hacer cuentas.

Dejo aquí un vídeo que recoge la versión inglesa de los hechos ocurridos en aquel festival.
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domingo, 6 de abril de 2008

Mis primeros años de trabajo

El 12 de julio cumplo 48 años de edad y 34 años y 25 días currando… y en todos estos años de trabajo en los que he hecho casi de todo, he pasado también por casi todo tipo de situaciones, siendo las más extraordinarias las que me han ocurrido en mis primeros años en el mundo laboral.
Y es que poner a un chaval de 13 años y con cara de niño bueno de cobrador de facturas no es muy recomendable y ponerlo a controlar el trabajo de los operarios en una obra menos aun.
Como cobrador de facturas he escuchado de todo, aparte de las más disparatadas excusas, desde amenazarme con patearme el culo si volvía, hasta confundirme con otra persona y abrirme la puerta una mujer con los brazos abiertos y en pelotas … que putada.
Y no fue esa la única vez que una mujer me puso los dientes largos en el trabajo, alguna me puso larga otra cosa.
Recuerdo una ocasión en la que debía cobrar la factura a una mujer de muy buen ver y que era señora un marino que por razones de oficio se pasaba largas temporadas fuera de casa, por lo que las malas lenguas le suponían ciertas carencias.
Yo de eso poco sabía ya que era aun un crío, pero esos rumores llegaron a mis oídos.
Por ser ésta mal pagadora, pasaba por su casa como mínimo una vez a la semana, siempre fuera de la jornada de trabajo y camino de mía ya que me quedaba en el trayecto.
Y siempre que iba lo hacía imaginándome que me abría desnuda y me pedía que colmase sus carencias, lo que de aquella época y a una mujer como aquella podía hacer a plazos, es decir muchas y continuadas veces.
Y un día… un día pensé que mis deseos se cumplían, pues abrió la puerta vestida con una bata de casa muy corta y cuando me vio se le puso una sonrisa que le llegó de oreja a oreja a la vez que exclamó: “¡un hombre!... justo lo que yo necesitaba en este momento”.
Me mandó pasar, lo que hasta ese día nunca había hecho, me llevó hasta la sala y después de señalarme un sofá y pedirme que me sentara, me preguntó si me apetecía una Coca-Cola, lo que casi emocionado acepté.
Me dejó allí sentado y se fue a por la bebida y al dame la espalda aproveché para mirarla bien y en ese momento juraría, e incluso ahora que lo recuerdo, que bajo la bata no llevaba puesto nada, ni sujetador ni braga.
Volvió al rato con una lata y un vaso y después de guiñarme un ojo, dio media vuelta y se alejó otra vez, lo que volví a aprovechar para recrear mi vista con aquellos muslazos que ya me imaginaba rodeados con mis brazos.
Y cuando en mis pensamientos ya cabalgaba sobre la señora, apareció otra vez en la sala con un enchufe en una mano y un destornillador en la otra.
-“A ver si eres capaz de arreglarme el enchufe de la lavadora”-.
El cielo se me vino encima… y menos mal que no me había quitado los pantalones.
Y lo intenté, vaya que si lo intenté, pero no fui capaz de hacerlo por no ser yo muy práctico en esas cosas, por los nervios de la situación y por el empalme que tenía.
No cumplí mi fantasía y aunque a ella no pude, al menos y por despiste, le jodí el destornillador.
Y si esta fue una anécdota de tantas que he tenido por andar de puerta en puerta, las tengo también que me han ocurrido por andar de obra en obra. Y es que en las obras he visto cada cosa…
Pero esas las dejaré para otro día ya que van a ser las 12, mañana es lunes y la mujer me ha guiñado un ojo…

miércoles, 2 de abril de 2008

Con la vara que mides serás medido.

Ayer me he pasado un buen rato en la sección de libros de unos grandes almacenes buscando uno que al final no he encontrado. Pero la búsqueda no resultó del todo infructuosa ya que si no he hallado el que buscaba sí he topado con otro parecido y que trataba de cómo educar a un perro. Al final no lo he comprado, porque yo el que buscaba era el de cómo educar a un hijo.
Me he leído los apuntes y las instrucciones de cómo mi padre había hecho conmigo y pese a leerlos y releerlos he llegado a un punto en el que me he quedado estancado y por mucho que lo intento, de ahí no doy avanzado.
Es que ayer me he enterado de que mi hijo se está “fumando” las clases.
Pienso en lo que mi padre hubiese hecho conmigo y recuerdo la vez que me sorprendió haciendo lo mismo, cierta tarde en horario de clase, tranquilamente y tomando el sol a orillas de un río.
La conversación con mis amigos se interrumpió de pronto cuando uno de ellos me advirtió: “-¡tú padre, Manolo!-“, lo que yo malentendí, por lo que con “–el tuyo-“ respondí.
Y efectivamente, era el mío y aquel ¡¡plasss!! que en mi culo sonó era el de su cinturón.
Me levanté de un salto y teniendo la salida cerrada no encontré otro sitio por el que hacer mi escapada más que tirarme de cabeza y al agua, siendo las prisas por emprender la huída las causantes de que diese el planchazo de mi vida.
Estuve un rato con el agua hasta el cuello, consciente de que si algo me podía salvar es que mi padre no sabía nadar. Y no me decidí a salir de allí, hasta que lo ví en calzoncillos, amenazando y avanzando y ya metido hasta los tobillos.
Y es que cuanta diferencia hay entre la educación que llevamos y la que los padres de ahora damos.
Antes no se andaban con chiquitas y cuando había que impartir educación se impartía sin reparos, sirva como ejemplo una ocasión en la que me impartieron el mango de la escoba en la espalda, no creo que haga falta decir que el mango no tuvo ni arreglo ni reparo.
En cambio hoy los tratamos con demasiada mano blanda y los criamos entre algodones.
Y digo esto después de haber visto a dos padres discutir como garrulos porque sus hijos se habían peleado….
¡Un poquito de por favor, señores!, ¿es que no han escuchado nunca aquello de que los mejores amigos se hacen a hostias?…. Pues es cierto, coño, se lo digo yo que tengo un montón de amigos con los que me he pegado a diario mientras su padre y el mío se tomaban juntos los vinos.
Recuerdo una ocasión en la que tras una pelea llegue a casa con un ojo empavonado.
-¿Qué te ha pasado?- me pregunta mi padre cuando me ve.
-es que me he peleado-
Y sin quitar la vista de mi ojo me dice:
-supongo que te habrás vengado-
-Pues claro- le respondo –, es que si no me vengo me mata-.
Pero bueno, de esto que acabo de decir ya quejaba también mi padre cada vez que me abroncaba: -“tienes suerte de tener un padre tan blando, pues si hubieses tenido uno como el mío te habrías enterado”-.
Y solía contarme muchas veces a modo de ejemplo, como cuando siendo todavía un chaval se comió un cigarrillo encendido, tragándoselo enterito, desde la punta hasta el filtro, para evitar que su padre lo pillara fumando.
Ahora que me toca a mí pelear con los míos y capear los quebraderos que me dan, me acuerdo mucho de mi padre, de algunas bofetadas que me ha dado y de las muchas que mereciéndolas me ha perdonado.
También recuerdo muchos de sus consejos, ya que no todos se fueron como él pensaba a caer en saco roto, pues con el transcurso de los años he comprobado lo ciertos que eran algunos, mientras que otros me han caído en la cara como un escupitajo.
Y muchas veces me decía tanto él como mi madre: “Con la vara que mides serás medido”, así que no me queda otra más que decir : “¡joder, lo que tal me espera!”.

Bailar pegados...

A lo largo y ancho de los 47 años que tengo (46 en Canarias), puedo presumir de haber bailado en cientos de verbenas, desde “El Bimbó”, hasta “Un Rock and Roll en la plaza del pueblo”, pasando por el “Baile de los pajaritos” y “La Macarena”, siendo mi especialidad “Bailar pegados”.
Es decir, que tocasen lo que tocasen lo mío era el arrimado, para el que tenía un estilo muy particular, manos sobre la cintura de mi pareja, dos pasitos con la izquierda, uno con la derecha, dos pasitos con la izquierda, uno con la derecha… y así sucesivamente hasta que se acababa la pieza.
Y lento y arrimado, muy arrimado… hasta donde me dejaban… dejándome muchas a mitad de la pieza y después de haberla pisado yo docena y media de veces.
Y es que tengo que reconocer que he sido muy bailón pero muy mal bailarín. Tampoco es que me gustara el baile en sí, de hecho cuando me atreví a bailar por primera vez todos mis amigos ya lo hacían desde por lo menos tres veranos.
Yo los acompañaba a las verbenas y luego allí mientras ellos arrimaban el bistec, yo miraba para la orquesta como un gilipollas… Hasta que un día una vecina con algunos años más que yo, me agarró y me puso a bailar con ella.
Recuerdo como si fuese ayer mismo aquella sensación de sentirme estrujado contra una mujer, aquellos pechos del 95 apretados contra el mío plano, el roce por abajo y aquel aliento en mi cuello… no, no me enamoré, pero me pillé un calenturón impresionante.
Aquella noche bailé la mitad del repertorio de la Orquesta Veracruz, … y si no bailé más fue porque acabó de tocar la orquesta, pero aun así le eché la última de la noche al son del “Asturias patria querida”, que cantaron cuatro borrachos del público al finalizar la verbena.
Y a partir de aquella noche nunca más volví a quedarme mirando para la orquesta, pues aquella noche nació “Manolo Outravolta”, el terror de las verbenas y el ídolo de las nenas… jeje, tampoco era tanto, pero hoy tengo el día graciosillo.
Primero “entrené” con amigas, vecinas y conocidas, las que me ayudaron a perfeccionar mi estilo soltando mi mano de sus caderas para agarrar la de mi pareja. Seguía eso sí, con mis dos pasitos con la izquierda y uno con la derecha, aunque ya los movía con más rapidez al tiempo que también meneaba el culo, dándole un ritmo a la cosa que hasta parecía que sabía bailar.
De todos modos creo que debo ser en todo el mundo el hombre al que más veces han plantado en pleno baile, diciéndome casi todas lo mismo: -“vuelve cuando aprendas”-.
Hubo una que se ofreció para darme unas clases. -“Déjate llevar”- me dice, y yo me dejé para todo, aunque ella sólo quiso bailar.
Era un pasodoble y me llevó, vaya si me llevó… de un lado para el otro como si fuese un muñeco de trapo.
Y no me dio un mareo porque antes de perder el conocimiento fui capaz de reaccionar y decirle que paraba, ya que la tipa se tomó la clase muy en serio y casi me desmonta con el meneo.
Con aquella forma de moverse que tenía, lo que pudo haber hecho conmigo de haber querido algo más es algo que sólo me puedo imaginar yo… y sí mal no recuerdo más de una vez me lo he imaginado.
Y así, bailando con una y con otra llegué hasta el baile de mi boda, en la que me “lucí” con el vals ante ciento cincuenta invitados, que menos mal que al ir yo de traje y pajarita, no me reconocieron los más allegados.
Pero ese día pisé a la novia, la madrina y a quince invitadas al convite, salvándome de pura casualidad de no pisar a la suegra.
Os he contado todo esto porque hoy he vuelto a bailar después de algunos años sin hacerlo, aunque el baile que me he marcado hoy no ha sido el arrimado, pues estoy ensayando con “El baile del chiki chiki”, ya que estamos a un mes de las fiestas y me da a mí que este año será el tema estrella de las verbenas de verano…

viernes, 28 de marzo de 2008

Mi barrio, su gente y la madre que los parió.

Me crié en un barrio de muy mala fama y reputación, conformado a base de barracones prefabricados de Uralita, cuyas paredes tenían un grosor de 5 cm y el tejado era únicamente una plancha ondulada que muy malamente protegía de la lluvia. Se rumoreaba entonces que había quien incluso se iba a la cama con el paraguas. Hoy sin duda se le llamarían chabolas adosadas... de aquella y aunque oficialmente eran los Albergues de Guadalupe, lo llamaban "La Ponderosa".
Todos los vecinos éramos de clase pobre, algunos aun lo seguimos siendo, otros en cambio tuvieron más suerte y pasaron a vivir a cuenta del estado que les dio comida y alojamiento gratuito. Los hubo con condenas muy grandes y pasaron así gran parte de su vida. Pero era toda gente muy honrada.
Había vecinos que apenas tenían para comer, no así el caso de mi familia, donde comíamos a la carta... Nos sentábamos a la mesa y mi padre repartía las cartas, al que le tocaba el As de Oros comía y al que no se jodía.
Menos suerte tenía "Los Mandingo", un matrimonio de color... y de un color oscuro... sin rodeos, eran negros... Apenas tenían que llevarse a la boca y pese a ello no hacían otra más que tener hijos.
El recuerdo que tengo de Socorro, que así se llamaba la mujer, es de verla siempre preñada y luciendo orgullosa la panza de la que sacó nada menos que 8 negritos y un mulato.
Lo de los mulatos fue curioso ya que hubo una temporada en la que varios matrimonios blancos tuvieron hijos también mulatos... Yo soy moreno a secas.
Otra familia también numerosa fueron los Reboredo, que como el resto tenían también sus escaseces.
El día que uno de los hijos comió entera la porción de queso que su padre celosamente guardaba para ir rebanando domingo a domingo una loncha como postre. Los reunió a todos y los interrogó, pero ninguno sabía nada del queso: -“Bueno, mejor que ninguno se comiera el queso porque era para ponerle a los ratones y estaba envenenado”-. Les dijo su padre.
-“¡¡ Ay, papá, Ay !!"- gritó Joaquincito mientras se ponía en pie y se llavaba las manos al cuello como si quisiese estráncularse -"llévame pronto al médico que ya me empieza a picar la garganta"-... ¡Y qué pedazo ostia le cayó...!
No le andaba a la zaga el Sr. Manolo, “el barrendero”, que había empezado su vida en el mundo laboral ejerciendo de oficinista en el ayuntamiento de Santiago, cambiando voluntariamente y al poco tiempo el bolígrafo por la escoba.
Eran muchos los que le preguntaban por la razón del cambio, habida cuenta las diferencias tanto económicas como de comodidad que había entre uno y otro oficio. El Sr. Manolo, respondía con alborozo a cuantos le preguntaban diciendo lo gratificante que para él era que todas las mañanas las señoras saliesen a la calle cuando pasaba, en bata de casa y dispuestas a “echarle el polvo”.
Otro personaje muy particular era Pepe, “el limpiabotas”. Un hombre maltratado por su esposa María, “la cojones”, una mujer muy corpulenta y fuerte a quien Pepe le llegaba poco más arriba de la cintura.
El bueno de Pepe, canijo de complexión y borrachín por vocación, soportaba con entereza las palizas que María le propinaba día sí, y día también... Sin embargo no llevaba bien el que su señora fuese un miembro destacado de la Iglesia de los Testigos de Jehová.
Aunque si bien es cierto, e ella poco lo importaba lo que él dijera o pensara a este respecto. Bastaba con que le levantase la mano en ademán de zurrarle para que Pepe se cuadrase.
Una vez escuché como la amenazaba: -“si tu no te sacas de Jehová, yo me meto en la ETA”-. Y dicho esto “la cojones” le metió una ostia que sonó como un latigazo en medio barrio. Yo no la vi, pero la oí...
Esta organización terrorista estaba en auge de popularidad por haber volado por los aires muy recientemente a Carrero Blanco. Al Almirante y al vuelo que le habían dado le recitábamos los chavales del barrio la siguiente:
“Nació en la tierra
vivió en el mar
y subió al cielo
en un Dodge Da”.
Pero no era “la cojones” la más bruta del barrio. La Sra. Virtudes, no le andaba a la zaga aunque era más simpática. Tenía esta mujer tres perros, a los que llamaba: Mico, Nacho y Negro y a los que solía soltar a la calle por la mañana despreocupándose hasta la noche en que cerraba la puerta de casa. Antes de cerrar los llamaba a gritos: “¡¡MICONACHONEGROOO!!”... y el barrio entero se partía de risa...
De esta manera suya de llamarlos salió una frase que se empleaba con mucha popularidad en el barrio cuando se quería destacar algo muy negro: “es más negro que el conacho de Virtudes”.
Y más o menos así era la gente de mi barrio, aunque siempre hay una excepción que rompe la regla.
Y esta excepción se llamaba Paulino. Hombre inquieto y muy ambicioso. El ilustrado del barrio... tenía un año de Bachiller. Se metía en toda cuanta asociación podía y en las que dado a su facilidad de palabra acabada casi siempre teniendo un papel relevante.
Pero tenía Paulino un mal fario y por desgracia siempre había algo que truncaba su fulgurante progresión.
En el barrio había destacado un año como miembro de la Comisión de Fiestas. Al segundo y gracias a su demostrada valía lo eligieron tesorero... y pudo haber sido el presidente al tercero si el anterior no hubiese huido con la recaudación... ¡Qué buen político pudo haber sido!... tenía madera. Lástima aquella gasolinera. Tres años y un día le cayeron por atracarla.

Foto aérea de Santiago de Compostela, que calculo será de la década de los 60. Si pulsas sobre ella podrás verla en un mayor tamaño.
En primer término se ve La Catedral, Plazas del Obradoiro y de La Quintana, así como una buena parte del Casco Antiguo.
Los campos que se ven en el cuadrante izquierdo de la misma están hoy totalmente edificados, que son los barrios de Vista Alegre y Vite.
En la parte superior derecha y dentro del círculo que señalo, estaban los barracones de
"La Ponderosa".

domingo, 23 de marzo de 2008

Por un par de tetas

Hoy viendo la tele salió en un anuncio una mujer con los pechos al aire y en ese preciso instante mi hijo, un adolescente de 16 años cambió de cadena, lo que me hizo pensar en las diferencias que hay ente los tiempos de mi adolescencia y los de la suya, más que nada en las posibilidades de recrear la vista observando unos pechos femeninos.
Hace algo más de 30 años, cuando en las pantallas de los cines españoles se exibieron las primeras tetas, los chavales del barrio bajábamos en tropel al Principal, que hacía la vista gorda con quienes no llegábamos a la edad permitida, movidos por el efecto llamada que se producía al pronunciar alguien las palabras mágicas: “se ven tetas”.
El “gallinero” se turbaba y jaleaba con silbidos y patadas en el suelo cada vez que las tetas de Nadiuska, La Cantudo, o cualquier otra de las de la época llenaban la pantalla y con la simple visión de unas nalgas o un poco de vello púbico, aun se volvía más turbado.
Recuerdo que cuando proyectaron un documental sobre el embarazo y el parto, medio centenar de adolescentes nos dimos cita en el cine tras enterarnos que en dos ocasiones salía una mujer completamente desnuda… Había que estar muy atento ya que eran apariciones fugaces, pero valía la pena intentarlo ya que algunos nunca tal cosa habíamos visto, al menos en su totalidad, ya que de cintura para arriba aun se iba viendo algo, pero de cintura para abajo sólo nos lo imaginábamos… pero nos lo imaginábamos mucho.
Y así fue, la primera vez al principio y la segunda por la mitad del documental, momento tras el cual nos levantamos todos a la vez y abandonamos la sala.
Camino de casa comentábamos entusiasmados la jugada entre nosotros:
-“¡Vaya tetas tenía la tía... y que peluda la pachocha!… ¡¡¡UAAA!!!, si la llego a pillar…”-
Y efectivamente, si la llegamos a pillar… En aquel medio centenar de jóvenes había acumulada testosterona suficiente como para parar un tren… o para ponerlo en marcha si es que estaba parado.
Ahora porque cambiaron los tiempos y para anunciar un coche ya sale una morenaza completamente desnuda y claro los chavales están muy acostumbrados… pero antes por ver una teta se hacía lo impensable.
La de catarros que me tengo pillado por estar bajo la lluvia esperando a una vecina veinteañera y que siempre y a la misma hora llegaba a casa, subía al dormitorio y se cambiaba, pasando por delante de la ventana con los pechos al aire, momento en el que la veíamos.
Esa fugaz pasada ante la ventana constituyó junto a la llegada de Cruiff al Barcelona, el acontecimiento más memorable de aquella época, ocasionando el que en muchas noches de verano llegasen hasta allí como en peregrinación los jóvenes de los barrios más próximos y algunos no tan próximos, llegando a congregarse para contemplar el evento hasta más de medio ciento.
Y hubo espectáculo hasta que la vecina se casó, lo que hizo ignorando tanto ella como su marido que sus tetas estaban más vistas que las de Bárbara Rey.
En cambio hoy se las ponen delante de los ojos para anunciar un coche y cambian de cadena… y a uno no lo queda más remedio que felicitar a los publicistas ya que saben bien como y a quien va dirigida la publicidad.

sábado, 22 de marzo de 2008

Recuerdos del Ancoradoiro


El jueves he ido con la familia de visita a la zona de Muros y Carnota, dos lugares a los que me gusta mucho ir, cosa que hago desde hace mucho tiempo pues ya de joven era asiduo a la playa del Ancoradoiro, por aquel entonces nudista y de la que más de una vez tengo salido con las posaderas tan quemadas que ni sentarme podía.
De aquella el Ancoradoiro era un frondoso y extenso pinar del que hoy apenas queda rastro y al que se llegaba desde Santiago en algo más de dos horas a través de una carretera estrecha, llena de curvas y con un firme tercermundista.
De acampada libre entre los pinos se daban cita personajes de lo más variopinto. De todas las veces he acampado allí ahora me vienen a la memoria algunos a quienes tuve por vecinos: a un francés que tenía un cuervo que hablaba, o un sevillano muy porreta y simpático que había llegado hasta allí en un Vespino, y con lo puesto, y sin ir más lejos nosotros mismos la primera vez que estuve allí, una pandilla formada por: una mujer embarazada de 8 meses junto a su pareja; un pardillo que ponía dinero y un coche que yo conducía por caminos y entre los pinos, más que como un 4 latas que era como si se tratase de un 4 x 4.
También formaban parte de la “familia” una divorciada ninfómana, que para ser de ciudad había pescado a la primera que echó el anzuelo a un fornido mozo de la zona al que sacó sus alegrías, sus jugos y unas ojeras que aquel verano le cronificaron, dándole ella a cambio muchos ratos de placer y una gonorrea que ni para mear se la podía tocar.
Y Ricardito, el mayor de la pandilla, un marica con demasiada pluma para lo que un pueblo como Muros estaba acostumbrado a ver. Verlo caminar por la calle principal de la Villa meneando su culo era todo un espectáculo que nadie quería perderse, pues a su paso todo el mundo se volvía para admirar su contoneo.
Y por último mi hermano y yo, borrachines a secas…
También teníamos dos patitos que habíamos comprado en una feria con la intención de comérnoslos al final de verano aunque ninguno de ellos vivió tanto. Fuésemos a donde fuésemos los patos siempre nos acompañaban: de paseo, a la playa, a la verbena, de copas...
Una tarde y después de llevar unos días sin saber nada de uno de ellos, investigué los alrededores del campamento de unos alemanes, pues tenían una escopeta de aire comprimido y eso a mí hacía sospechar. Y no me equivoqué en ellas, ya que muy cerca de una de sus tiendas descubrí al pato enterrado.
Me vengué de la irreparable pérdida robándoles un reloj y una botella de Jonny Walker, a la par de causarle algún que otro destrozo
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Pero si hay algo que en especial recuerdo del Ancoradoiro, era lo difícil que nos resultaba encontrar la tienda de campaña entre tanto árbol, cosa que por la noche se convertía en una odisea.
Y recuerdo una en concreto en la que regresaba con mi hermano de una verbena. El taxista nos había dejado a la entrada del pinar, teniendo el hombre el detalle de alumbrarnos con los faros del coche hacia un pequeño sendero que se adentraba hasta lo más espeso de la arboleda, zona por donde más o menos acampábamos nosotros.
Cuando el taxi se fue y dejó de iluminarnos quedamos en la más absoluta oscuridad, tanto fue así que para no perdernos tuvimos que cogernos de la mano.
Dimos muchas vueltas, caímos muchas veces y nos dimos de narices contra los pinos otras tantas… pero ni de coña nos soltábamos y estuvimos tanto tiempo así que en un momento de desesperación nos quedamos quietos donde estábamos y nos pusimos a gritar por los amigos que estaban en la tienda.
Pero lo único que escuchábamos era las ramas de los árboles batirse por el viento y el lejano romper de las olas en la playa.
Así que otra vez a dar vueltas, y más vueltas, y más vueltas… no pongo en duda de que todas ellas las diésemos alrededor del mismo árbol, puesto que llevábamos más de un par de horas perdidos en el pinar sin abandonarlo… y coño, tampoco era tan grande.
Y de repente, a través de los árboles que unas veces la ocultaban y otras la mostraban, vimos la luz…
Y esa luz que nosotros en principio confundimos con una linterna o con el fuego de una hoguera nos abrió el camino.
Pero no era linterna ni tampoco era fuego... era el la luz del Faro de Lira, a unos 15 km. de donde estábamos, que igual que guía a los barcos nos guió a nosotros hasta la playa donde comprobamos gracias a que era una noche de luna llena y muy clara, que efectivamente habíamos estado tanto tiempo dando vueltas alrededor del mismo sitio, probablemente alrededor del mismo árbol.
Tomamos como referencia una pequeña extensión de pinar que sobresale del resto y que era por donde teníamos la tienda y volvimos a adentrarnos en la oscuridad después de volver a cogernos de la mano.
Esta vez tuvimos suerte, aunque llevamos el susto de nuestras vidas, pues el silencio y la tranquilidad de la noche se rompieron de pronto con un grito de dolor que partía de nuestros pies, para ser exactos, debajo de uno de los pies de mi hermano.
Había pisado a un tipo que dormía tranquilamente en su saco y a la intemperie. Un vecino conocido que nos iluminó con su linterna hacia nuestra tienda, que estaba allí al lado.
Y afortunadamente así acabó la búsqueda pues de no ser por ese pisotón probablemente se nos hubiese hecho día dando vueltas alrededor del mismo pino.
Tengo muchos y muy buenos recuerdos de mis acampadas en el Ancoradoiro, lugar al que todos los veranos le reservaba unos días para pasar allí, hasta que la llegada del camping y la prohibición de la acampada libre me lo impidieron.


Siempre que visito ese lugar todos esos recuerdos me vienen a la memoria quedándome al final con la pena de ver como está ahora lo que un tiempo me parecía y como también lo definió mi amigo Alipio, la primera vez que estuvo allí de acampada, "un paraiso".

domingo, 2 de marzo de 2008

Echando un vistazo atrás.

LOS TORPEDOS C.F.


Buscando entre mis papeles he encontrado esta vieja foto del los TORPEDOS, equipo de fútbol, de la Ponderosa de Abajo… ¡EQUIPO CAMPEON DONDE LOS HAYA!…
Hermano, tú que me lees, refréscame la memoria, ¿cuántas victorias tenemos en nuestro palmarés?, ¿3, 4, 5?..., pero que bien sabíamos perder, yo creo que podríamos haber sido grandes si también hubiésemos sabido ganar.
Quizás con un poco más de orden en el juego hubiésemos sacado mejores resultados, lo cierto es que la táctica de los nueve delanteros acosando al la portería rival nunca se nos dio bien, yo creo que era porque dejábamos muchos espacios entre las líneas.
Y en esas líneas se movía Toño, el arquitecto de nuestro juego (y de nuestras cabañas, sobre todo las de piedras… su padre era albañil y lo llevaba en la sangre) que poco podía hacer con tanto hueco. Era un monstruo con el balón, lo cogía y ya no lo soltaba hasta que se lo quitaban.
Siempre pensé que si jugásemos con dos balones habríamos sacado más rendimiento al resto del equipo, un balón para Toño y el otro para el resto.
Después teníamos a Fran, que cuando empalmaba con la zurda se le descolgaba la patilla derecha de las gafas… hubiese sido muy bueno si tuviese las orejas un poco más grandes.
O Joaquín “el Machaquito”, que pese a su corta estatura iba muy bien de cabeza, sobre todo cabeceando los balones rasos… la pena es que no se atrevía a meterla.
En la foto salen Javi y Choni, nuestros fichajes estrella. Estaban en auge la llegada de jugadores extranjeros a los equipos de primera y ellos eran nuestros extranjeros ya que eran de otro barrio.
Y no eran del barrio de al lado como los extranjeros que tenían LOS LEONES de la Ponderosa de Arriba, (los recomendados del cura) nuestro eterno rival, nuestras figuras tenían que coger el autobús para venir a jugar… y eso parece que no, pero daba categoría al equipo.
Y que me dices del portero, el menda… En la foto soy el de la camiseta negra, emulando al archiconocido guardameta ruso y que no sé como le llamaban, pero sí que le apodaban “la araña negra”, por eso iba de negro, para parecerme a él.
Yo también me gané mi apodo, yo era “la oveja negra” del equipo.
¿Y tú?, ¿te reconoces en la foto hermano?, eres el gordito de abajo… ¡Que malo eras coño!, te pasabas todo el partido con las manos en los huevos insultando al portero rival, no tocabas una pelota y cuando te pasaba una cerca te tirabas a la piscina…
Aparte de éstas tu juego tenía otras virtudes, no las mencionaré porque no tengo porque herirte.
Y para l@s amantes de las estadísticas diré que esta foto está tomada en lo que hoy es el barrio de Nuestra Señora de Belén, Vite, y sé con toda certeza que algun@s que me leéis tenéis vuestras casas sobre lo que fuera el terreno de juego del glorioso TORPEDO.

sábado, 23 de febrero de 2008

A LEOPOLDO, IN MEMORIAM

Llegue al mundo a una edad muy corta y a afortunadamente para mi madre también corto de estatura y de cabeza… quiero decir que salí de cabeza, pues no hace falta ser médico para saber que el parto se habría complicado de haberme parido atravesado.
Mis padres no tuvieron conmigo la suerte que otros tuvieron con sus hijos, pues yo en lugar de nacer con un pan bajo el brazo nací completamente embadurnado y manchado de sangre.
Lo que llovió desde aquel día… Ahora cuento ya con unos cuantos años a mi espalda, y no sólo sobre ésta, si no que también sobre los cuatro puntos cardinales de mi cuerpo, es decir: de hombro a hombro y de pies a cabeza.
A lo largo de todos estos años que he vivido he oído muchas veces decir a la gente de cierta edad eso de que “los tiempos pasados fueron mejores”, opinión que no comparto en absoluto. Yo soy de los que piensan que “los tiempos pasados son anteriores”,pero eso puede ser debido a que yo no he llegado a la cierta edad.
De todos modos eso no quita de que a veces recuerde los tiempos pasados con nostalgia… Aquellas verbenas… aquellas chavalas… aquellas calabazas…
Y de antes de las calabazas tengo muy buenos recuerdos, también los tengo borrosos y alguno que otro muy triste, como el del día que murió Leopoldo.
Una mañana me levanté, fui a darle los buenos días y me lo encontré estiradito, tiesito y un poco sequito, o lo que es lo mismo: me lo encontré muertito en la caja de zapatos en la que vivía.
Me fijé en que ni siquiera había probado bocado de la hojita de lechuga que yo le había puesto para cenar la noche anterior, detalle por el cual sospeché que el óbito se había producido alrededor de la media noche. De igual modo supuse que al gozar de buena salud, la muerte le provino a consecuencia del corazón.
Leopoldo fue el mejor grillo que tuve en mi vida… Encontrármelo de cuerpo presente fue un trauma para mí.
Esa misma mañana y sin capilla ardiente, le di sepultura en el mismo campo en el que lo había cazado. Con mis propias manos cavé una tumba a la que puse una cruz que me hice con dos palitos y ante la cual recé un Padrenuestro, dos Ave Marías y un Credo.
Y con el corazón rasgado del dolor lloré como un niño arrodillado ante la tumba de mi amigo.
La mañana del domingo siguiente y para sorpresa de mis abuelos, me lavé la cara, me peiné y sin que nadie me obligase, fui a misa y volví a rezar por el alma de Leopoldo.
Todos en casa echamos mucho de menos los “cri cri” de Leopoldo. Recuerdo cierta ocasión en la que noté como mi abuela se ponía muy triste mientras en la radio sonaba una canción que a mi también me conmovió: NO WOMAN NO CRI…
Y yo que domino el inglés igual que el japonés, comprendí enseguida el significado de la canción: NO MUJER NO CRI, al mismo tiempo que comprendí el porqué mi abuela estaba triste: la canción le tría recuerdos de Leopoldo.
Supuse que al cantante también se le había muerto un grillo, motivo por el cual me identifiqué mucho con él, pues quienes hemos perdido un grillo sabemos lo que se siente.
Tuve más grillos a lo largo de mi vida: Pancho, Matías, Avelino… pero ninguno era como Leopoldo, pues tenía un algo, un no sé que especial que se hacía de querer, aparte de que entonaba muy bien.
Ahora tenéis que perdonar que no escriba más, pero en este momento al recordarlo la emoción embarga y se me están llenando los ojos de lágrimas. No quisiera romper a llorar y mojar el suelo, que luego mi mujer me hace pasar la fregona.
Pero antes de irme, quisiera dedicar unos versos a la memoria de mi malogrado amigo.

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Va por ti LEOPOLDO (el grillo que murió, un día por la noche).

A Leopoldo escribo este poema
el cual no es canto a la alegría
pues casi muero de pena
el día que perdió la vida.

Aquella desgraciada mañana
se inundaron de lágrimas mis ojos
cuando al levantarme de la cama
ver que ya no estabas con nosotros.

Muerto te encontré en tu cajita
no habías probado alimento
ver estirada tu antenita
fue un doloroso momento.

El corazón me rompió de dolor
pues tu muerte fue un mazazo
la vida se me volvió de un color
más negro que el de tu sobaco.

Te di sepultura en tierra
tal cual como ya he dicho
mas hoy moriría de pena
saber que hubieses querido un nicho.

Al ajeno le costará entender
que por ser de distinta especie
tanto te llegase a querer
mas aquí no admito ni un pero
pues Leopoldo igual que yo,
salimos de un agujero.

Más quisiera añorado amigo
el que allá donde ahora estés
a ti llegase este poema dolorido
por lo que aquí y en este momento
agradecido quedo a Bill Geis
por tan cojonudo invento.

Para alguno fue una suerte,
pues ganó mucho con tu muerte,
hablo de cierto langostino
a quien quitarías el papel
de LEOPOLDO VALENTINO.

Por último quiero decirte
cuan duro es no volver a oírte
pues desde que no estás aquí
echo en falta tus cri-cri.

A Leopoldo escribo este poema
el cual no es canto a la alegría
pues casi muero de pena
el día que perdió la vida.