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jueves, 9 de febrero de 2012

Carta privada a mi hija. ¡ NO LEER !, GRACIAS.


Distinguidos lectores, queridísimas lectoras, querid@s amig@s, etc., etc. y etc.. No sé si es al azar o resultado de un interno y secreto sorteo que sin yo saberlo se lleva a cabo dentro de mi cuerpo, que hoy la parte dolorida le ha tocado a la rodilla. Dado a la dado y dado a lo que tengo, aguantar estos dolores que de un ya largo tiempo a esta parte me empizan en la espalda y me abarcan hasta los tobillos de ambas las dos piernas (derecha, izquierda y viceversa), no me queda otra que resignación e ibuprofeno, lo cual sumado al otro tratamiento hace que hasta los pedos me huelen a medicamento.
Aparte del dolor de rodilla hoy no me ha ocurrido nada que destacar, por lo que esta entrada se la quiero dedicar a mi niña, mi tesoro, que se encuentra pasando unos días en Andorra, en un viaje del Instituto, y dado a lo caro que son las llamadas telefónicas y que esto es por el morro, aprovecho que tengo el blog para enviarle esta "carta" que ella leerá gratis y gracias a la tecnología y los casi 300 euros que me costó su móvil de última generación.
Asi que señores, señoras y señoritas, puesto que esta es la carta de un padre que se dirige a su hija a la cual en estos momentos echa de menos, ruego un poco de discrección y apaguen el monitor. Gracias.





Querida Lía:



¿Que tal estás por Andorra?, espero que bien y que estés disfrutando como una enana de esta semana, pues anteayer ha llegado una nota de tu profesor en la que aparte de aquella falta a clase por quedarte dormida, especifica bien claro y con un perfecto ensangrado dentro de un recuadro: "está distraída en clase y no para de hablar". Y esto es lo que tú y yo vamos a hacer en cuanto te bajes del Autobús que te traíga de Andorra, hablar, hablar y hablar hasta que te de un calambre en la lengua.
Pero bueno, ya que estás de vacaciones no quiero ser yo quien te las estropée amenazándote con echarte una bronca en cuanto llegues... pero que conste que de ella no te libras aunque llegues con una pierna rota. Porque esa es otra, te conozco como si fuese tu padre, de hecho y cuando tu madre me dijo que te iba a traer a este mundo yo la autoricé a ponerte mi apellido aun sabiendo por experiencia que madre solo hay una y padre puede ser cualquiera.
Decía que por lo bien que te conozco, seas prudente en las pistas de esquí y bajes con el freno de mano a mano. Ya sé que eres muy buena patinadora, pero no es lo mismo hacerlo con patines en el pabellón de deportes que hacerlo con esquís en una montaña en la que sin querer te puedes estampar de bruces contra un árbol o un abeto.
Además debes saber cariño, que en esas montañas hay osos y que por lo tanto no debes separarte de la manada no sea que un oso solitario y hambriento te coma en un momento. Pero bueno, no quiero tampoco asustarte con esto, pero tú por si las moscas sigue mis consejos y no te separes del resto.
También quiero que sepas que anteayer me puse muy contento cuando hable contigo por teléfono. Lástima que por culpa de los elevados precios por estar en un país extranjero, porque me hubiese gustado hablar contigo mucho más rato. Pero en ese breve momento en el que hablamos te noté tan contenta e ilusionada que me contagiaste tu alegría y hubiese dado cualquier cosa por estar ahí contigo, aun sabiendo que estando tú con tus amigas, a la primera de cambio me mandarías a la porra o puede que más lejos.
Me quedé perplejo eso sí, cuando me decías emocionada que mientras hablabas conmigo estaba cayendo una intensa nevada. ¿Qué esperabas acaso mi amor?, si me gasto una pasta y pico en comprarte calzado, ropa de abrigo y medio equipo de montaña no es para mandarte a la playa. Ya sabes que para eso con dos bragas, dos biquinis, dos bermudas, cuatro camisetas y un par de chanclas aguantas un par de semanas.
Bueno, quiero que sepas que por aquí todos estamos bien, mamá bien, tu hermano bien y yo sigo con mis defectos de siempre, así que no te tengo nada nuevo que contar, salvo que la casa sin tí está muy vacía, más silenciosa y demasiado tranquila, por lo que intentaré hablar con el director del instituto para que os dejen estar una semana más aun pagando un suplemento, para ello cuento con la colaboración de otros 7 padres y 4 madres, que aseguran estar viviendo como una segunda luna de miel al no tener las mascotas en casa. Así que ya sabes, si os dicen que os quedáis una semana más es gracias a nuestra insistencia... (lo que sigue sin librarte de la bronca que te espera a la vuelta, jejeje).
Bueno cariño, no tengo nada más que decirte, tan solo desearte que sigas pasándotelo en grande y que disfrutes de estas vacaciones.
Muchos besos de tu padre que te quiere con locura (pero de la bronca no te libra ni dios).



Tu papá según tú mamá.



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Distinguidos lectores, queridísimas lectoras, querid@s amig@s, etc., etc. y etc.. Se acabó la discrección así que ya pueden encender sus monitores. Muchas gracias por vuestra comprensión y obedencia.

sábado, 13 de junio de 2009

Algo se muere en el alma cuando una hija se va de campamento

Cuando uno se convierte en padre debe entender que tarde o temprano llega el momento en la vida de nuestros hijos en que quieran volar por su cuenta. Esto es algo que debemos aceptar por mucho que nos duela, a fin de cuentas es Ley de vida y nosotros también lo hemos hecho antes.
Y este momento lo llevamos peor los padres cuando le llega a nuestras niñas.
Tengo que decir que ese difícil momento me ha llegado y que me encuentro preparándome para digerir el dolorosísimo trago de ver como mi pequeña dentro de unos días cogerá el petate y cruzará la puerta de casa para marcharse.
Es cierto que para los padres nuestros hijos nunca dejan de ser niños, pero coño, con 12 años que la mía cumplirá la semana que viene no puedo verla de otra manera. Por eso creo que ver como cruza la puerta y se va, me dejará el corazón más partio de lo que se lo dejó la ex novia de Alejandro Sanz cuando lo abandonó.
Sé que algunas de vosotras pensaréis que es demasiado pronto para dejarla que se vaya, del mismo modo que sé también que algunos de vosotros pensaréis que el gobierno nos vuelve a dar por culo con la anunciada subida de impuestos.
Y tanto unas como otros tenéis razón, ya que por un lado es demasiado pronto para que la niña se vaya de casa, mientras que por el otro lado efectivamente nos vuelven a dar por el culo.
Aquí debo aclarar para evitar la confusión que pudiera originar mi forma de explicarlo, que el que te den por el culo es algo nunca te da de lado, salvo que estés muy acostumbrado. Aunque en este caso que me ocupa lo que menos me importa es que me vayan a dar por el culo… ejem… creo que ya me entendéis.
Lo que quiero decir es que en este caso me importa y me duele más lo de mi niña, aunque supongo que lo otro también tiene que doler de cojones.
Apreciados amigos, queridísimas amigas, me encuentro hecho polvo sólo de pensar que el día 30 de este mes tendré que pasar por el duro trago de ver como mi pequeña se va de casa, llevándose con ella su maletita, sus enseres, su ajuar… dejándome como ya he dicho el corazón partio y también a su hermano, el cual dicho sea de paso viene siendo mi otro hijo.
También se llevará con ella su música, privándome así de poder recordarla cada vez que escuchase sus canciones favoritas, esas que sólo pone ella y que suenan en mi casa una y otra vez desde la mañana hasta la noche.
Hija mía, cariño, si por casualidad lees esto que escribo haz caso a esto que ahora te pido: deja la música en casa y llévate a tu hermano contigo.
Ya sé que te vas a un campamento al que sólo pueden ir niñas, pero tu hermano podría hacer perfectamente de monitor.
Piensa además que te vas para el medio de un monte, alejada de la civilización, sí,sí, ya sé que sólo son dos kilómetros, pero no deja de ser el medio del monte.
Ten en cuenta que a donde vas hay arañas, mosquitos, grillos, miñocas, culebras y otras especies de peligrosos animales de las cuales tu hermano podría protegerte.
Ya sabes que él entre los bichos se encuentra como pez en el agua, y porque no decirlo, tu madre y yo 15 días sin vosotros quedaríamos como Dios. Bueno, como Dios me quedaría yo que por algo soy el hombre, si acaso tu madre quedaría como la Virgen… aunque por la sexometría de cada uno no proceda esta comparación, así que en este caso mejor diré que quedaríamos los dos como Dios y así evito confusiones. Es que a estas alturas me parece un poco exagerado comparar a tu madre con la Virgen.
Ten por seguro mi amor, que aunque durante tu ausencia yo recupere el estatus quo que hasta no hace mucho disfrutaba en casa, que recuperé también el mando de la tele, del ordenador, del aparato de música y la libertad de poder dormir plácidamente la siesta en el sofá, te echaré muchísimo de menos.
Estás toda contenta e ilusionada por esta tu primera aventura en el campamento, y verte así me hace feliz a mí.
Ve y disfrútalo cariño, y aunque sé que cuando se acabe y te llegue la hora de regresar a casa estarás tan feliz como ahora te veo por ir, acuerdate de que antes de partir y de acuerdo a la educación que te hemos dado, despedirte de toda esa gente con la que vas a estar, y de lo más importante de todo: apuntarte para el año que viene.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

En horas bajas

Me encuentro en horas bajas y puedo decir que llevo así desde el pasado viernes a las 11:30 de la mañana, lo que para ser exactos significa que a la hora de comenzar esta entrada llevo sumido en este estado unas 120 horas, de las que habría que descontar aproximadamente 40 que me pasé durmiendo y cerca de un par de ellas que me pasé jodiendo.
Debo aclarar que las 40 que pasé durmiendo habría que dividirlas entre cinco días y las casi dos que estuve jodiendo entre 2,30, que más o menos equivalen a dos completos y un “aquí te pillo, aquí te mato” realizado con alevosía y persecución hasta la mesa del salón.
El motivo por el cual estoy así no es más que por culpa un perro. Sí, un perro, el que yo quería tener en vez de tener un hijo, porque recuerdo que cuando a mi mujer se le antojó ser madre yo me opuse, al mismo tiempo que le comenté que prefería tener un chucho. Al final como siempre ella se salió con la suya y tuvimos dos a falta de uno. Y yo me quedé sin perro, por supuesto.
Yo tenía un libro de “cómo educar a un perro”, y me lo tenía bien aprendido. Sabía como hacerlo venir cuando lo llamase, como hacer para que se sentase, se acostase, se levantase y para que me diese la patita. Tenía incluso pensado educarlo para que me llevase las zapatillas cuando yo llegase a casa, pero…
Educar a un hijo no se parece en nada a educar a un perro y menos cuando llega a la edad del pavo, me refiero al hijo, porque un perro siempre es un perro, sin embargo un chaval cuando llega a los 17 años no es más que un soberbio mocoso que se cree ya un hombre porque le sale lanilla en el bigote.
A lo mejor la culpa es mía por insistir con la galletita de premio cuando hacía las cosas bien. No sé, pero no me explico como el perro del vecino se vuelve loco por las galletas y sin embargo el chaval no quiere ni verlas, y eso que son de Cuetara.
He probado también con una salchicha pero los resultados han sido los mismos. Debo aclarar que el chaval viene cuando lo llamo y se sienta cuando se lo digo. También cuando le interesa me lleva las zapatillas hasta el sofá, pero sólo cuando le interesa.
Ahora bien, no lo mandes ir al instituto, porque en cuanto te das la vuelta te la está metiendo doblada.
Y el pasado viernes me ha llamado su tutor para que se lo presente porque en lo que va de curso apenas le vio el pelo. Y yo tan orgulloso como estaba de tener el primer bachiller en la familia y el mocoso no quiere estudiar. Mi gozo en un pozo.
Así que si de aquí a fin de curso no recapacita lo veo fuera del instituto, eso sí, buscando curro de lo que sea, porque en mi familia no hay bachilleres, pero hay muchas manos encallecidas y muchas espaldas destrozadas de trabajar, y el señorito no va a ser menos, eso por mis huevos.
Por este motivo llevo unos días muy cabreado y no tengo humor para nada. Estoy en horas bajas y no recuerdo haber estado nunca tan decepcionado.
En fin, que si en estos días no escribo en el blog o no comento en los vuestros, que sepáis que es porque no estoy pasando por un buen momento.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Su barba tiene tres pelos.

15 de septiembre, el verano da sus últimos coletazos y aquí en esta esquina de arriba a la izquierda de la piel de toro, las temperaturas empiezan a ser ya fresquitas, sobre todo a primera y última hora del día, y si te sorprenden ligerito de ropa puede acarrearte consecuencias. Al menos a mi me han pillado así y me he pasado la mañana con una ligera moquitis en la nariz.
Eso no me preocupa, en cambio lo que me sí me preocupa es lo rápido que pasa el tiempo, porque hace 15 días estaba tomando el sol en la playa y ahora casi estoy pendiente de que El Corte Inglés anuncie como antaño hizo un angelito, la llegada de las navidades.
Según dicen los físicos, científicos y relojeros, el tiempo corre a una velocidad constante de 60 minutos por hora, y no seré yo quien ponga en duda su palabra la cual seguramente estará basada en muchos años de trabajo y estudios, además tengo un reloj con calculadora y he comprobado este dato, lo que no quita que en determinados momentos parezca a que va más rápido, mientras que en otros que va más lento.
Y a medida que el tiempo va pasando vamos envejeciendo sin darnos cuenta, y pasa por ejemplo, que un día llegas a casa todo contento pensando que a tu hijo le gustará que te hayas acordado de él llevándole un huevo Kinder, y te llevas el chasco de tu vida al ver su cara de decepción cuando descubre la sorpresa que lleva dentro.
Para él también pasa demasiado rápido, tanto que de ser un niño pasa a convertirse en un hombre poco más que de un día para otro. Te das cuenta de esto al comprobar que se come el huevo de chocolate pero desprecia lo de dentro.
Supongo que a todos los padres les llega el duro momento de cambiar los regalos de los hijos. Y es una pena, al menos para mí que hasta hace poco disfrutaba como un niño en las jugueterías escogiéndoselos.
Reconozco que a veces cuando se los compraba me imaginaba compartiendo juegos y juguetes con él, porque los hijos a veces pueden hacerte retroceder en el tiempo y que a ratos vuelvas a sentirte como un crío.
Ahora en lugar de juguetes debería regalarle condones, pero va ser muy difícil que cuando se los compre me lo imagine compartiéndolos conmigo y menos aún que me hagan retroceder a mi adolescencia, tiempos en los en mi cabeza había más pelo y a pelo también practicaba el sexo.
Hoy mi hijo ha tenido el atrevimiento de hacer que me sienta viejo. Y lo hizo sin el menor tipo de reparo o delicadeza hacia mí, causándome un dolor que no se cura con cualquier cosa.
Hoy 15 de septiembre de 2.008, mi hijo me ha pedido que le compre una máquina de afeitar, y cuando esto ocurre…
Como dijo un conocidísimo filósofo griego del cual ahora no recuerdo el nombre “cuando las barbas a tu hijo veas afeitar, en tu cabeza poco habrá para peinar”…

jueves, 11 de septiembre de 2008

Kun fun dido

Día 1 d.e.c. (después del experimento científico). Hoy comienza una nueva era para la humanidad y como bien dice el refrán: era nueva vida nueva, y yo cumpliendo con esta máxima he adoptado un nuevo hábito en mi vida y es que a partir de hoy y hasta que me muera también tomaré postre después de la merienda.
Aparte de esto me he puesto en plan maestro de Kung fu y he comenzado a impartir unas clases a mi hija para que el día de mañana esté preparada para hacer frente a uno de los peores enemigos que se encontrará en el transcurso de su vida: el hombre…
Así que me he puesto un pijama blanco de chaqueta y pantalón, una cinta negra alrededor de la cintura a modo de cinturón y he enseñado a mi hija un poco de estrategia filosófica y defensa personal.
Y le he enseñado a reaccionar ante el ataque de un desconocido de dos maneras distintas y aplicando también dos métodos distintos. El estratégico filosófico, que consiste en gritar y escapar por piernas, y otro más práctico que consiste en aplicar una patada directamente en los huevos del oponente.
Como resultado de mi primera lección he sentido la enorme satisfacción de ver que mi hija aprende muy rápido, y al mismo tiempo la dolorosa decepción de comprobar que después de más de cuatro años de gimnasio y pesas, mis huevos son tan frágiles como los de cualquiera, lo que me ha hecho recapacitar un poco sobre la que sería la segunda lección: como rematar al enemigo una vez que se dobla por la patada.
Y he decidido que esta lección se la imparta su madre que no tiene huevos, y por lo que he comprobado esta tarde los míos no le duelen, lo cual supongo por las carcajadas que se echó mientras yo recomponía la respiración y la postura.
La niña se quedó muy contenta también con los resultados obtenidos ya que se fue corriendo junto a su hermano para pavonearse de que en su primera clase de kung fu, le había metido tal patada en los huevos al maestro que lo había dejado aturdido, malherido y kun fun dido.
-Pues prepárate Lía, que a mi también me quiso enseñar y en la primera lección le metí una que lo dejé sin respiración. Y él a mí me dejó dos semanas sin la Playstation, así que despídete de la wii por un tiempo-.
Debo decir que aquí mi hijo se equivocó ya que yo nunca lo castigué por lo rápido que aprendió si no que todo lo contrario, porque lo recuerdo como si fuera ayer mismo que tras arrearme la patada y con la voz entrecortada por el dolor, le dije exactamente lo siguiente:
-Enhorabuena, buena técnica y perfecta ejecución. Ahora cabrón, pasa para para tú habitación y despídete de la Play hasta que se te queden igual de rápido las matemáticas-.
Pero lo peor de todo fue cuando acabada esta primera clase que le di a mi hija y ya repuesto del dolor de huevos, ésta va y me dice que pasa de defensa personal y de patadas, que preferiría que le enseñase bailes de salón… ¡manda huevos!, y perdón por la redundancia.
Tanta lección filosófica, tanta explicación y tanto dolor para nada… No ha aprendido lo más básico, yo sufriendo para que sepa defenderse del enemigo, y ella en lugar de tomar nota pretende bailar con él.
Juro que cada vez entiendo menos a las mujeres...

jueves, 24 de julio de 2008

Jugando con la niña

Mucho cuidado con los comentarios que dejáis que os estoy viendo venir. Quede claro que lo que vais a ver a continuación no es lo que parece. Y para que quede bien clarito lo vuelvo a decir un poco más altito, NO ES LO QUE PARECE.
Lo que sucede es que a veces un padre tiene que hacer hasta el payaso para entretener a los hijos, eso cuando son pequeñitos, porque cuando son niñas y llegan a cierta edad aparte del payaso se hace hasta el indio… y quien dice el indio, dice de maniquí de la Señorita Pepis, que es de lo que me ha tocado ser esta noche.
Y aun por encima y para escarnio público esto, “papi, te hago una foto y la pones en el blog”.
Así que Senovilla, Eulogio y aquellos que me leáis y seáis padres de una niña de 11 años, cuidadito a lo que jugáis con ella.
El resultado puede ser este…
Yo creo que con un poquito de rimel el resultado hubiese sido otro, y unos pendientes me hubiesen dado un aire más folklórico.

domingo, 4 de mayo de 2008

Mi tesoooro

Que gusto, por fin mi casa vuelve a ser un remanso de paz y salvo el chunda, chunda lejano de la orquesta, el silencio vuelve a reinar en ella.
Hoy, como plato fuerte de las fiestas y para poner punto y final a las mismas, la actuación de mi pequeña Lía, en la abarrotada plaza del pueblo ante un público entregado y unos padres fácilmente reconocibles por la cara de pasmaos con la que miramos para nuestras hijas e hijos.
Para quien no lo sepa, el día de actuación se vive con muchos nervios en toda la casa y si la artista toca la pandereta, se vive también con mucho ruido y mucha mala hostia, porque joder, lleva desde las 10 de la mañana atizándole a la pandereta y me tiene la cabeza como un bombo.
Hoy me he preguntado al menos unas 16 veces el por qué no la apuntaría a ajedrez o incluso a flauta en lugar de baile y pandereta. Porque días como el de hoy se repiten con cierta frecuencia y estás con el chascarraschas de la pandereta desde por la mañana, que cuando deja de tocarla te queda como un eco y no te sacas el ruido de la cabeza hasta pasado un buen rato.
En fin, que menos mal que ya se ha acabado todo y a partir de mañana vuelta a la normalidad.
Dejo aquí una foto de mi tesoro en su actuación de hoy para que veáis que niñas más bonitas hago y un vídeo en el que os será fácil reconocerla.
Pertenece al grupo folclórico Lembranzas do Tambre y en el vídeo bailan la JOTA DE SANTIAGO.
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