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viernes, 5 de junio de 2009

Bienvenido Mister Marshall II, (Versión en color), (ojo, lo del color no va por Obama)

El calor se hacía tan insoportable que mantenerse firmes bajo el sol era una misión casi imposible para cualquiera ser humano, por ello sólo un puñado de aguerridos marines del ejército norteamericano mantenían la postura sobre el ardiente asfalto de la pista de aterrizaje.
Frente a ellos otro puñado de no menos aguerridos soldados aguantaban también en pie el calor abrasador como buenamente podían. Estos eran los nuestros, lo cual se podía deducir por el inconfundible uniforme de la Legión, así como por la cabra que tranquilamente pastaba en un pequeño prado al lado de la pista.
Entre ambos ejércitos se congregaba una maraña de periodistas preparados para recoger el que después de la huida de ET en bicicleta voladora y el fichaje de Zidane por el Real Madrid constituía el mayor acontecimiento galáctico interplanetario.
A unos cuantos kilómetros de distancia en línea recta ascendente, es decir, más arriba de las nubes, una nave procedente del planeta RATICULIN, vigilaba expectante el encuentro entre los representantes de las dos potencias terrestres, no obstante el futuro del universo estaba también en juego, lo cual pintaba muy feo sobre todo porque uno de los dos representantes era nada más y nada menos que el mismísimo Zapatero I “el bueno”.
Los primeros en comunicarse con la torre de control para pedir pista fueron los americanos, haciéndolo mucho antes de que el AIR FORCE ONE, fuese divisado a simple vista allá por el horizonte.
Cuando el avión norteamericano se hizo visible desde la torre de control, los controladores de vuelo divisaron también el FALCON ONE ZP, que con los intermitentes puestos señalizaba la maniobra de adelantamiento, lo que significaba que el representante español quería llegar primero.
El adelantamiento fue abortado desde la torre de control por lo que el avión norteamericano aterrizó en primer lugar. Cuando lo hizo el español ya no quedaba ningún miembro de la comitiva estadounidense para recibirlo, por lo que Zapatero tan sólo fue saludado por la cabra de la Legión, quien a su paso dijo ¡BEEEE!.
Horas más tarde las comitivas de ambos países se encontraban en el lugar en que se debería celebrar el encuentro. Ambas estaban formadas por una muchedumbre de periodistas y escoltas, además de estos componían la delegación española un grupo de folclóricas ataviadas con traje flamenco y el Orfeón Donostiarra para amenizar el encuentro con sus canciones.
Las bailarinas pese a ser malagueñas en su mayoría se prepararon para deleitar al yanky con unas sevillanas de Cádiz, pues según la información suministrada por el CNI al gobierno de aquí, Obama era un enamorado del folclore andaluz de Andalucía.
A un lado de éstas se encontraba Zapatero, que leía nervioso una y otra vez el discurso con el que pensaba adular a su colega norteamericano.
Había mucha tensión en la delegación española pues llevaban mucho tiempo anhelando este encuentro, por eso que ensayaban una y otra vez la puesta en escena hasta que alguien interrumpió el ensayo para advertir la inminente llegada de Obama.
-Todo a sus puestos- gritó.
Y cuando por el revuelo formado se advirtió la presencia del presidente norteamericano, los acordes de una guitarra hicieron las veces de pistoletazo de salida dando así comienzo a la ceremonia de bienvenida.
Las folclóricas comenzaron a bailar y el Orfeón Donostiarra a cantar:

"Los yanquis han venido,
olé salero, con mil regalos,
y a las niñas bonitas
van a obsequiarlas con aeroplanos,
con aeroplanos de chorro libre
que corta el aire,
y también rascacielos, bien conservaos
en frigidaire ."
"Americanos,
vienen a España
gordos y sanos,
viva el tronío
de ese gran pueblo
con poderío,
olé Virginia,
y Michigan,
y viva Texas, que no está mal,
os recibimos
americanos con alegría,
olé mi madre,
olé mi suegra y
olé mi tía."
"El Plan Marshall nos llega
del extranjero pa nuestro avío,
y con tantos parneses
va a echar buen pelo
Villar del Río.
Traerán divisas pá quien toree
mejor corría,
y medias y camisas
pá las mocitas más presumías."

Obama contempló con una sonrisa Profidén la actuación de las folclóricas y del Orfeón Donostiarra, cuando acabaron su actuación el norteamericano se encaminó hacia Zapatero, quien lo aguardaba con su sonrisa de bobalicón y el brazo extendido para estrecharle la mano.
A las 17 horas, 12 minutos y 27 segundos hora española, una menos en Canarias, Obama estrechó la mano de Zapatero al mismo tiempo que lo saludaba con un “-hola amigo, qué tal va eso-”. Tras esto retiró la mano y prosiguió su camino pues en una sala contigua tenía previsto entrevistarse con un funcionario de Nueva Guinea Papuda.
Cuando Obama cruzó la puerta y entró en la otra sala, Zapatero se volvió hacia uno de sus colaboradores diciéndole .-“¿has hecho la foto?”-.
-afirmativo- respondió éste.
-Perfecto, ya tenemos lo que queríamos, ahora recojamos y volvamos para España. Y que nadie se preocupe por las dietas porque a fin de mes las cobraremos todos -.

AEROPUERTO DE BARAJAS (Horas más tarde)
El presidente del Gobierno de aquí ofrecía una rueda de prensa nada más tomar tierra el FALCON ONE ZP, para informar de su encuentro con el mandatario norteamericano. En ella el presidente hizo el siguiente comunicado:

“He mantenido un encuentro con el Presidente de los Estados Unidos con el que se han estrechado más los lazos de amistad existentes entre ambos países. Durante el encuentro Obama me ha mostrado su apoyo incondicional al mismo tiempo que confidencialmente me confesaba que él y yo tenemos muchas cosas en común, mostrándose muy interesado en ser mi amigo, lo que yo he agradecido obsequiándolo con un carnet del partido, motivo por el que a partir de ahora podemos decir que Obama es también socialista.
Hoy es un día grande para España, que gracias al gobierno progresista ha superado con creces a la España de la pandereta, la que perfectamente había plasmado en una película Luis García Berlanga, de quién para más señas diré que era un poquito facha".

viernes, 22 de mayo de 2009

ALIEN, El embarazo espacial

No recuerdo el lugar exacto de la galaxia en el que nos encontrábamos, pero acabábamos de pasar la rotonda en la que se toma dirección a Saturno. Tampoco podría decir a ciencia cierta la fecha, pero debió ser entre los años 2.325 y 2.360 de nuestra era. Lo que si recuerdo es que era avanzada la tarde, y de esto estoy seguro porque me estaban repitiendo las sardinas del bocadillo de la merienda.
Nuestra nave surcaba el espacio sideral a una velocidad punta de 550 kilómetros por hora, lo cual no está del todo mal si tenemos en cuenta que era de fabricación española.
A los 2 meses de misión, Loly, nuestra encargada de intendencia quedó supuestamente embarazada de Marcelino el copiloto, quien al recibir la noticia de que iba a ser padre se hizo el sueco de tal forma, que más que parecer de Móstoles como era, parecía del mismo Estocolmo o de sus alrededores.
Debido a que el supuesto padre no quería saber nada de su hijo ni de la madre, ésta decidió interrumpir el embarazo, lo que deberíamos hacer en la propia nave pues como dijera el comandante en el momento de conocer la decisión de la cocinera: “-no estoy dispuesto a regresar a la tierra y abortar la misión por culpa de un mal polvo-”.
Como médico de a bordo me puse a ello con la ayuda de Jaime, el fontanero de la nave, y con el olor a sardinas en el aliento procedimos a estirpar a Loly eso que le estaba creciendo dentro.
A poco de comenzar la intervención surgió el primer contratiempo, y juro que ni a lo largo de mis 3 meses de experiencia médica, ni en todo el temario que había estudiado para opositar a médico astronauta, jamás me había encontrado con algo ni siquiera parecido.
Aquello que llevaba Loly en sus entrañas tenía la apariencia de un feto, pero cuando antes de cortar y por simple curiosidad quise saber a que sexo pertenecía, me llevé un susto de muerte al enfocar su cara con la cámara de hacer la ecografía.
-¡Dios mío!- exclamé al ver aquello en la pantalla.
-¿ocurre algo doctor?- preguntó Jaime el fontanero convertido en mi ayudante.
-pues claro que ocurre… Que ahora viendo a Loly aquí postrada y dispuesta a abortar, pienso en lo injusta que es la naturaleza, ya que a veces lo que con tanto gusto metemos en nuestro cuerpo, tenemos que expulsarlo sin querer porque no nos queda más remedio”-.
-bueno doctor, no se ponga tan trascendental porque no es más que un simple aborto y seguro que ya ha practicado usted unos cuantos-.
-no, soy de derechas y este es el primero que practico. De todos modos me estaba refiriendo al bocata de la merienda, creo que voy a vomitarlo-.
-échele un vistazo a esto y dígame que le parece- le dije a mi ayudante mientras le señalaba la imagen del monitor.
Tras mirarla un rato y desde varios ángulos, Jaime se volvió hacia mí y encogiéndose de hombros me respondió.
-pues a mi el bocadillo me sentó bien, aparte de saberme muy rico-.
-me refiero a lo que ve en la pantalla, dígame que le parece-, volví a preguntarle.
-hombre, así a simple vista no se parece en nada a Marcelino. Quizás poniéndole unas gafas como las suyas le encontrásemos más parecido-.
Y cuando acerqué mis tijeras para proceder al corte, ese feto o esa cosa tomó vida y salió de dentro de la madre atravesándole la barriga, huyendo despavorido hasta que lo perdimos de vista.
Íbamos a salir corriendo tras “eso” cuando Loly, que estaba en la camilla con un enorme boquete en la barriga y toda embadurnada en sangre me llamó. Tenía la voz entrecortada y me costó entenderla.
-dí…game doctor…, ¿e…ra niño o ni…ña?.
-cuando lo pille te lo diré, pero por la forma de correr yo diría que es un galgo-.
-eso…es…imposible… Era…un…Sanbernar…do…-.
Mi mirada y la de Jaime se cruzaron en el aire, más o menos a la altura de la camilla sobre la que Loly estaba echada y medio metro por encima. Nos encogimos de hombros por no entender lo que nos quería decir, luego nos echamos a la carrera tras el feto.
Recorrimos la nave de arriba a abajo, de izquierda a derecha y también diagonalmente, y tras una infructuosa búsqueda decidimos telefonear a La Tierra y poner el asunto en conocimiento del gobierno.
Hablé personalmente con la Ministra de Asuntos Embarazosos, a la que transmití la versión de los hechos:
-Ministra, hemos interrumpido con éxito el embarazo de nuestra encargada de intendencia, quien en estos momentos se encuentra estable.
El feto gozaba de buena salud, de echo huyó corriendo en cuando vio el primer rayo de luz.
Llevamos más de dos horas persiguiéndolo por toda la nave sin que hasta el momento hayamos logrado encontrarlo.
Solicito a la Ministra órdenes de cómo debemos actuar cuando lo encontremos-.
Y la Ministra no dudó en responder:
-cuando lo encuentren procedan como procede proceder en estos casos, tírelo por el retrete que al no ser humano no le duele-.
-A sus órdenes Ministra-.
Y cuando mi dedo se posaba ya sobre el interruptor de apagado del aparato de radio, su voz al otro lado del auricular me impidió hacerlo.
-decía algo Ministra-.
-sí doctor, verá, ya que les pilla de camino podrían parar un momentito en Uranio y comprarme pienso para mi San Bernardo, que allí lo tienen muy rico y más barato que en el Alcampo. Y por favor, que le hagan la factura a nombre del Gobierno de la Nación-.
-a sus órdenes Señora Ministra, ¿desea alguna cosa más?-.
-no gracias-.
Después de pulsar el botón que pone “radio off”, el comandante de vuelo me preguntó acerca de mi conversación con la Ministra.
-¿qué le ha dicho?-.
-nada en concreto, pero tengo el presentimiento de que a nuestra Ministra se le ha despertado el instinto maternal-.
Tres compartimentos más abajo, un bicho horroroso y nada parecido a Marcelino, crecía rápidamente a la vez que su cuerpo se cubría de un pelo largo de colores marrón y blanco.
Y en toda la Galaxia se oyó un aullido…. ¡¡ AAAAUUUUUUUU !!, que confirmó nuestras sospechas:
AQUELLO NO ERA EL HIJO DE MARCELINO.

NOTA DEL AUTOR (es decir, nota mía):
A lo mejor hago una segunda parte.



lunes, 15 de septiembre de 2008

La primera vez

22:30 p.m. En la oscuridad de la noche, en una explanada apartada y resguardada de las miradas de los curiosos, la joven pareja de novios conversaba en el interior del coche en el que él intentaba tranquilizar a su amada, nerviosa y asustada ante la que sería su primera vez.
.

-¿Estás seguro de que por aquí no pasa nadie?-.
-no te preocupes por eso, este es un sitio apartado y nadie nos molestará-.
-¿y si nos ve alguien y después se lo va a contar a mi padre?-.
-tampoco nos verá nadie, a estas horas somos los únicos que estamos aquí y si alguien viniese estoy seguro que sería para hacer lo mismo-.
-es que estoy tan nerviosa...-.
-Tranquila mi amor, verás como no es para tanto y como al final te gusta-.
-ya mi vida, pero entiende que es mi primera vez y aunque lo deseo con todas mis ganas, estoy un poco asustada y no puedo evitar el ponerme nerviosa-.
-lo entiendo, pero confía en mi experiencia y deja que yo te guíe en tus movimientos-.
-vale cariño, pero por favor ten esto en cuenta y se delicado a la hora de pedirme que haga algunas cosas y sobre todo, perdóname si no lo hago bien-.
-no te preocupes cielo, seré comprensivo y muy delicado-.
-gracias cariño, creo que ya estoy lista… podemos empezar cuando quieras-.
-muy bien, pues tranquila que allá vamos… Al ser la primera vez tendrás la sensación de que no te quiere entrar, eso nos ha pasado a todos, pero una vez que te entre, veas lo bien que va y la suavidad con la que se desliza, tu misma sentirás la necesidad de apurar un poco más. Vamos a intentarlo-.
-ay… la noto dura… no me entra...ay-.
-tranquila, relajate... deja que yo te la empuje un poquito… así... ves, ya ha entrado, ¿no la notas?-.
-sííííí… pero por favor no me hagas apurar aun, déjame disfrutar más este primer momento-.
-¿qué tal?, ¿te gusta?...-
-sííííí… me gusta mucho más de lo que me imaginaba-.
-bien, pues poco a poco vamos a aumentar la velocidad y verás como aun te gusta más. Además ahora ya te ha entrado la primera, que siempre es la más dificil de meter por estar más dura, pero de ahora en adelante y cada vez que metas una, sentirás como de un simple empujoncito ya te entra ella sóla y mucho más suavemente. Vamos a probar-.
-síííí, tienes razón… me ha entrado tan suave que casi no me he dado cuenta-.
-muy bien cariño, lo estás haciendo muy bien… no pares… sigue… sigue…-.
-ummm, como me gusta… y que sensación tan gustosa al sentir como se desliza-.
-muy bien cielo, lo has hecho muy bien para ser tu primera vez, pero vamos a parar ya que no hemos tomado ninguna medida de protección y continuar puede ser arriesgado-.
-lo que tú digas… pero que sepas que me ha gustado mucho y que mañana quiero más-.
-muy bien mi amor, mañana lo volveremos a hacer y ya verás que será mucho más fácil y divertido que esta primera vez.-

22:50 p.m. El auto de la joven pareja y en el que ella se había iniciado, abandona la explanada y toma dirección hacia el centro urbano. Felices y risueños, ahora ya no les importaba que cualquiera los viese.
Al día siguiente y a la misma hora regresarían de nuevo a la misma explanada, otra vez al amparo de la oscuridad y de las miradas curiosas, donde el experto joven dará a su novia por segunda vez una lección practica de como conducir un coche.

miércoles, 30 de abril de 2008

El gordo, el flaco, el alto y el bajo.

Se levantaron de la mesa del bar y salieron a la calle. Pocos metros más adelante hicieron un alto.
El gordo preguntó: -¿a dónde vamos?-.
Respondió el flaco: -no sé, di tú-.
El alto dijo: -mientras lo pensáis yo voy a echar una meada-.
Y al bajo también le entraron ganas: -espera que te acompaño-.
-La pirola española nunca mea sola-, dijo el gordo y se fue a mear con ellos-
Y tras ellos el flaco y juntos contra la pared mearon los cuatro.
Frente al muro los cuatro y herramienta en mano, vertían su líquido elemento cuando el alto rompió el silencio: -hoy mojo, estoy seguro-.
-Sí, pero mis zapatos. Sepárate un poco guarro, que me estás salpicando-, dijo el bajo.
-Bueno qué… ¿a dónde vamos ahora?- preguntó por segunda vez el gordo, mientras de su manguera salía el primer chorro.
-¡Di tú, joder!, que siempre andas preguntando lo mismo- dijo el alto, mientras meaba.
-¡Eh tíos!, por qué no vamos a jugar unos bolos- dijo el bajo mientras la sacudía.
-¿Y si le tomamos una en el Metate?- dijo el gordo mientras la guardaba.
-Es muy pronto para ir a ese- dijo el flaco ya con ella recogida.
Los cuatro hicieron corro y continuaron hablando.
-¡Joder, que frío!- dijo el alto mientras saltaba para quitárselo de encima.
-¡Pero a ver!, ¿vamos a quedarnos aquí toda la noche, o qué?- dijo el gordo por tercera vez.
-Vamos al Tabasco- dijo el flaco.
-A mí ese sitio no me mola- dijo el alto.
-
Pues entonces ¿a dónde vamos?- dijo el bajo mirando para el gordo.
-¿Y si vamos a la sala de juegos?- dijo el flaco mirando para el alto.
-Es muy tarde ya para echar un billar- dijo el gordo mirando para el bajo.
-¿Y por qué no vamos de putas?- dijo el alto mientras el gordo, el bajo y el flaco lo miraban.
-¡Joder tío, siempre pensando en lo mismo- contestó el gordo.
Pues decir un sitio coño!, que hace mucho frío para estar aquí parados- dijo el alto, mirando primero al gordo, luego al flaco y por último al bajo.
-Siempre igual, coño- dijo al flaco mirando la hora.
-¡Bah!- dijo el alto mientras dio media vuelta y comenzó a caminar.
-¿A dónde vas?- preguntó primero el gordo, luego el flaco y por último el bajo.
-A tomar una copa mientras lo pensáis, que aquí parados hace frío- dijo el alto.
-¡Espera que voy contigo!- dijo el bajo, luego el gordo y por último el flaco.
Y los cuatro se fueron por donde habían venido para el mismo bar del que habían salido….


Mañana volvemos a salir... pero hoy no contar conmigo que se celebra el cumpleaños de mi churri.

viernes, 14 de marzo de 2008

Misión a Marte

Recostados en nuestros cómodos asientos escuchábamos con atención la voz que nos salía del agujero y nos cantaba las cuarenta, pero a la inversa.
Cuando la voz cantaba el número 20 y descendiendo, mis pulsaciones iban por las 130 y ascendiendo.
Eché un último vistazo a la aguja que marcaba el nivel de combustible, indicaba que teníamos el depósito lleno… buena falta nos haría ya que el viaje era largo y en todo el trayecto sabíamos que no encontraríamos ni una sola estación de servicio en la que poder repostar.
Y los números seguían bajando: five… four… three… two… one… CERO (glups).
Y un ruido ensordecedor inundó la cabina al mismo tiempo que empezó a vibrar de manera exagerada.
En ese momento perdí la cuenta de las pulsaciones, pero advertí como se me cerraba el estómago y se me apretaba el culo.
La nave comenzó a moverse hacia arriba, es decir, a subir, o a volar que es lo mismo.
A los pocos segundos de despegar ya alcanzamos velocidad y cuando comprobé a través de una mirada por la ventanilla que efectivamente estábamos en el aire, di orden a mi copiloto para que recogiese el tren de aterrizaje.
-Comandante…- hizo una pausa y continuó: -esto es un cohete y no tiene tren de aterrizaje-.
-¡Cojonudo!, acabamos de despegar y ya tenemos un problema-.
Quise contactar con Jiuston e indicarles esta anomalía en la nave, pero me pensé que ya dispondría de tiempo para hacerlo, eso sí, para no olvidarme tomé nota de ello en mi agenda particular.
A los pocos minutos de iniciado el despegue, salimos de la atmósfera.
Para quien no haya estado nunca fuera de la atmósfera, diré que es un espacio muy grande y muy negro, salpicado por unos puntitos brillantes. Es lo más parecido que he visto en mi vida al cielo por la noche.
Di una nueva orden a mi copiloto:
-Fije el rumbo, meta la sexta y sintonice los 40 principales-.
-Comandante…- hizo una pausa y continuó: -esto es un cohete y no tiene ni marchas ni aparato de radio-.
-¡No me jodas que esta maravilla tecnológica no tiene un simple aparato de radio!-.

Volví a sacar mi agenda y tomé nota de esta nueva anomalía mientras pensaba que en cuanto aterrizásemos al regreso me iban a oír en Cabo Cañaveral.
Una vez que fijamos el rumbo el viaje transcurrió sin ningún problema, hasta que el radar nos advirtió de nuestro primer contratiempo. No puedo precisar si éramos nosotros quienes íbamos hacia ellos, o si eran ellos quienes venían hacia nosotros… pero delante de nuestras narices teníamos una lluvia de meteoritos.
Di orden a mi copiloto para que activase el escudo antimisiles, pues para el caso nos podría servir.
-Comandante…- hizo una pausa y continuó: -esto es un cohete y no tiene escudo antimisiles-.
Por un momento pensé que el copiloto estaba por tocarme los cojones.
-Está bien, quite el piloto automático que conduciré la nave entre los meteoritos- le dije ya mosqueado.
-Comandante…-hizo una pausa y continuó: -eso es muy arriesgado-.
-Haga lo que le digo-.
Y con la disciplina que nos caracteriza a los astronautas, obedeció mi orden… pero no tardó en volver a la carga.
-Comandante- y esta vez sin hacer la pausa continuó: -vamos a estrellarnos contra ellos haciéndose pedazos la nave… vamos a morir-.
-¡También España se rompe, no te jode!-.
Y tras decirle esto, saqué mi agenda y tomé nota de mi nueva queja: “El copiloto es un oyente de la COPE”.

---------------------------------------------------------------------------Continuará…
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Continúa…

Piloté entre los meteoritos mientras el copiloto y el auxiliar de vuelo rezaban. Cuando iban por el vigésimo primer padrenuestro la nave dejó atrás la zona de peligro y a los meteoritos, que continuaron a gran velocidad con dirección hacia La Tierra… pero salvar al Mundo del impacto no entraba dentro de mis órdenes, esa era una misión encomendada a Brus Wylis.
-Pasó el peligro, señores…- hice una pausa y continué: -copiloto, evalúe los daños-.
Me informó de un pequeño impacto en el parabrisas y otro en la aleta derecha del ala trasera.
-Bien, en cuanto regresemos daré parte a la compañía de seguros-.
-Comandante…-
hizo una pausa y continuó: -esto es un cohete y no tiene seguro-.
-¿Ni a terceros?- pregunté enfadado.
-Ni a terceros, señor-.
Y mis sospechas se confirmaron… el copiloto estaba por tocarme los cojones.
Le hice un guiño al auxiliar y este lo comprendió a la primera… Nuestra misión podría irse al traste teniendo un copiloto tan catastrofista entre nosotros.
No quedaba otra opción más que hacer una coalición entre ambos y dejarlo fuera de nuestros planes, por lo que tuve que utilizar todas mis armas de persuasión para librarnos de él.
Y simulé fallos en el sistema de comunicaciones.
-Copiloto, póngase el traje de paseo, salga fuera y mueva la antena-.
-Comandante…- hizo una pausa y continuó: -esto es un cohete y no tiene antena-.
-¡Me importa un carallo que no tenga antena!- ya me tenía demasiado quemado. Le alcancé la escobilla del retrete al tiempo que le ordené que la utilizase como antena, -si a Tom Jans le funcionó en Apolo XIII, a nosotros también nos funcionará-.
Con la obediencia que se debe a un superior, se enfundó en su traje espacial y salió de la nave portando en una mano la escobilla.
Cuando la puerta se cerró tras él, metí primera, solté embrague, pisé a fondo y salimos de allí a todo gas… y no hice cantar las ruedas porque aquello era un cohete y los cohetes no tienen ruedas.
Una vez librados del copiloto, el camino a Marte se hizo mucho más ameno para ambos ya que hicimos trompos, derrapes y caballitos con la nave y en un detalle que tuve con mi auxiliar lo dejé que la pilotase unos pocos kilómetros, lo que hizo bastante bien pese a que al arrancarla se le caló.
Y llegamos a Marte, un martes…13… Sí, el número gafe para los astronautas, Tom puede confirmarlo.
La primera impresión que tuve fue que no era tan rojo como decían, también me pareció un planeta feo, sin árboles, sin ríos, sin un puto bar… Cumplimos nuestra misión, que manda carallo también con la misión… tantos kilómetros para coger unas piedras.
Y como no… clavamos la bandera cumpliendo las órdenes de Touriño.
Tuvimos problemas con la maniobra de despegue ya que falló el motor de arranque, pero desmonté el cuadro de mandos y empalmé el cable azul al negro, el rojo al amarillo, el verde al blanco y con el marrón hice toma de tierra, quedando así el problema solventado, eso sí, tenemos algunas anomalías en el funcionamiento de la nave a consecuencia del cruce de cables, ya que ahora al darle al interruptor de la luz se enciende el robot de cocina y el microondas, y al pulsar la cisterna del wc se pone en marcha el ventilador.
Nos encontramos de regreso a casa, pero hemos de hacer un pequeño cambio en la trayectoria para recoger al copiloto que gira en órbita alrededor de la Tierra, lo tenemos localizado gracias a que se quedó con la antena… jejeje…en este momento está justo encima de Nueva Zelanda.
Tenemos pensado llegar uno de estos días, aunque a lo mejor hacemos parada en la Luna para estirar un poco las piernas. Son muchas horas a los mandos y estamos muy cansados.
Si leen esto en Jiuston, que sepan que tenemos un problema… VAMOS SIN TREN DE ATERRIZAJE… repito… VAMOS SIN TREN DE ATERRIZAJE… y a mucha velocidad, o sea que hay riesgo de comerse una buena hostia al tomar tierra…

miércoles, 20 de febrero de 2008

¡Pa cagarse!

Dejé de hablarme con mi amigo Antonio, a consecuencia de la diarrea que me provocó su adicción al tabaco.
Pero esta que os cuento a continuación, ni es la historia de una amistad rota, ni un manifiesto en contra del tabaco... esta es...

UNA HISTORIA DE TERROR...
¡UUUUHHHHH!...
Era una noche oscura... El cielo estaba cubierto de nubes (no se veían debido a la oscuridad, pero sí se percibían)... y eran negras (no se veían debido también a la oscuridad, pero sí se suponía).
En la oscuridad de la noche, las siluetas de dos hombres caminaban por la carretera comarcal a las afueras de un pueblo cercano al mar.
Éramos Antonio y Yo.
El fuerte aguacero que comenzó a caer del cielo nos sorprendió en un lugar en el que no teníamos donde cobijarnos, así que echamos a correr. Cada uno corrió lo que pudo, así que Antonio pronto me sacó la distancia suficiente como para perderlo de vista en la negra noche.
Cuando llevaba un tramo recorrido, llegué hasta un muro alto de piedra que rodeaba lo que en principio me pareció una finca. Y no sé por qué, pero al ver un portalón abierto lo crucé.
Dentro de la finca y sin fijarme bien en donde estaba, corrí hacia una zona que me pareció más resguardada de la lluvia que el viento hacía caer ladeada... es decir, inclinada.
No había más ruido que el del viento, el de la lluvia al caer al suelo y de mi corazón que latía con fuerza por culpa de la carrera: ... bumm bumm... bumm bumm... bumm.
Poco a poco y a medida que recobraba el aliento, intenté inspeccionar el lugar con mi mirada, pero la oscuridad no me lo permitía bien, por lo que tuve que agudizar bien mi instinto visual, que a medida que se adaptaba a la oscuridad comenzaba a funcionar.
Y me pareció ver a Jesucristo crucificado. Y efectivamente, allí estaba, y no una sóla vez si no varias.
Eran cruces...... Estaba en un cementerio...... ¡Cágate!.
Mi corazón comenzó a latir otra vez rápido... bumm bumm... bumm bumm... bumm bumm... y más fuerte todavía... BUMM BUMM... BUMM BUMM... BUMM BUMM...
Automáticamente todos mis instintos de supervivencia se pusieron alerta. Ni que decir tiene que estaba un poco asustado... bastante asustado... acojonado.
Y lo hijo puta que es el subconsciente que precisamente en ese mismo instante vinieron a mi mente escenas de películas de terror que había visto y que transcurrían en noches de tormenta y en cementerios..., como en ese instante me encontraba yo.
Me estaba acordando de la escena de una en la que unas manos brotaban de una tumba en la tierra cuando... ¡CRASH!... un chasquido activa uno de mis instintos básicos, por lo que me tuve que apretar el culo.
Con mi agilidad de felino vuelvo la cabeza en dirección hacia donde procedía el ruido... Esforcé mi vista al máximo y la vi... una sombra que parecía moverse... y se movía... y parecía venir hacia mi... y venía...
Las ganas de ir al baño empezaban a ser inaguantables. La sombra se me acercaba por la derecha, lentamente... Fue un instante terrorífico, no sabía que hacer, quizás escapar a correr, pero el miedo me había paralizado las piernas. Quise hacer uso de mi teléfono móvil y pedir auxilio.
Un modelo Panasonic 5557 Conecting People de última generación, con conexión a internet y con cámaras de video y fotos incorporadas, capaz de transmitir datos a una velocidad que te cagas y a tres céntimos el minuto... ¡¡ Una pasada !!. Pero no tenía cobertura.
Y la sombra se me acercaba cada vez más... y más... hasta que la tuve enfrente. En ese momento no pude hacer otra cosa más que rezar un Padrenuestro:

Padre nuestro
Que estás en los cielos
Santificado sea tu nombre....


Y me cagué de miedo cuando esa sombra se dirigió a mi con la voz de mi ex-amigo Antonio y me dice: DAME FUEGO.

lunes, 18 de febrero de 2008

Una pesadilla muy chunga

Aturdido por las bombas, hambriento por el hambre y cansado por lo demás, regresaba con mi escuadrón de cumplir una arriesgada misión más allá de las líneas enemigas.
A nuestras espaldas, una columna de humo era la firma de una misión cumplida con éxito.
Habíamos volado por los aires un objetivo enemigo que, aunque ahora quisiera decir de que se trataba me resulta imposible recordarlo, pues como he dicho al principio, estábamos aturdidos, y el aturdimiento entre otras cosas te hace perder la memoria.
El “ra-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta” de las ametralladoras que no hacía mucho nos machacaba muy dentro de los oídos y sus balas que nos rozaron las orejas, sonaba ahora muy lejano, casi imperceptible... apenas pasaba de un “ra-ta-ta”.
Las primeras luces del alba nos dejaron ver un desprotegido claro en la jungla, el cual debíamos atravesar antes de que el sol saliese, pues estaba claro que con la luz del día el enemigo nos vería más claro.
Antes de avanzar a través del descampado di orden a mis hombres para que se detuviesen. Me llevé los prismáticos a los ojos para inspeccionar el terreno antes de adentrarnos en él, pero vi todo muy oscuro debido a que aun no había amanecido.
Pese a este inconveniente y gracias a que veo muy bien con la luz apagada, comprobé que aquel era un enorme maizal plantado de patatas.
Coincidí por una vez en mi vida con el Dtr. Iglesias Puga y sospeché algo raro, raro, raro. Enseguida supe que aquel era el lugar ideal para caer en una emboscada, por lo que activé mi instinto de supervivencia.
Después de cargar en mi mochila 3 ó 4 kg de patatas y de comprobar que como las de Coristanco no hay ningunas, di orden a mis hombres para cruzar sigilosamente el descampado.
Avanzamos en fila india que yo encabezaba por ser el de mayor graduación.
Todo iba sobre ruedas, hasta que cuando llevábamos recorridos unos 253 metros aproximadamente, la cosa se complicó de mala manera… pero que de muy mala manera.
Fue cuando escuché un “chas” al poner un pie en el suelo.
Me invadieron unos sudores fríos y me subió una cosa todo por aquí, hasta aquí.
Miré al suelo y comprobé que mis sospechas eran ciertas.
Tiré el ducados que me iba fumando y di orden al cabo para que pisase la colilla, pues yo no podía hacerlo… ¡Había pisado una mina!.
En un acto valiente por mi parte, ordené a mis hombres que continuasen sin mi y en un acto cobarde por la suya se dispusieron a emprender la marcha dejándome allí, plantado sobre una mina, abandonado a mi suerte sin apenas tabaco y con tan sólo dos lonchas de embutido con las que combatir el hambre que me devoraba. Lo cierto es que me iba a morir y me daba igual hacerlo con el estómago vacio.
Menos mal que el soldado O’Hara se quedó para ayudarme.
-"No se preocupe Señor, voy a desactivar la mina y nos iremos para casa"- me dijo el muy valiente, -"estoy dispuesto a morirme con usted"- añadió luego el muy cabrón.
Lo miré fijamente a los ojos y le di la que pensé sería la última orden que daría en mi vida:
-¡Trata de desactivarla O’Hara… por Dios, trata de desactivarla!-.
Y con la sangre fría que me caracteriza, encendí otro ducados mientras O’Hara, manipulaba con cuidado la mina que había bajo mis pies.
La cosa iba bien, hasta que empezó a ir mal.
O’Hara tocó donde no debía, se levantó como un resorte y huyó a la carrera mientras me gritaba: -"lo siento señor..., tengo novia"-.
Había activado la mina el muy cabrón….
Dándome perfecta cuenta de lo complicado del asunto, tiré en un breve espacio de tiempo mi segundo ducados sin haber fumado ni siquiera la mitad.
Y un sonido rompió el silencio del alba: ¡PI-PI-PI-PI!… la mina estaba a punto de estallar y yo no podía hacer nada por evitarlo.
El ¡PI-PI-PI!, se aceleraba más... estaba perdido, iba a morirme allí mismo... eso sí... de pie como los valientes, aunque no con las botas puestas ya que estaba seguro que al explotar la mina saltarían por los aires para ir a parar a sabe Dios donde… y con ellas mis piernas. Pero de nuevo, con la sangre fría que me caracteriza, saqué fuerzas de flaqueza e hice un último esfuerzo para evitar saltar por los aires.
Extendí mi brazo y la oscuridad palpé superficialmente la superficie hasta que mis dedos localizaron el mecanismo y con más suerte que otra cosa, logré desactivar el despertador que sonaba anunciando la hora de levantarme.

¡¡¡ JODER QUE PESADILLA MAS CHUNGA ¡!!.

Me levanté empapado en sudor y con una molestia en la planta del pie. Pero me quedé muy tranquilo al comprobar que no era más que el callo de marras, que otra vez me tocaba los cojones.