miércoles, 23 de abril de 2008

Las batallitas del abuelo (II)

Finalizaba mi anterior entrada dedicada a las Batallitas de mi abuelo, diciendo que cuando el Celta perdía nos mandaban antes para cama, tampoco penséis que esto era por que llegase violento, ni mucho menos era para tanto… solo un poco intratable.
Como de costumbre llegaba con sus vinos encima, pero se le notaba que la tajada era para olvidar ya que se sentaba en su sillón y allí se quedaba hasta que se acostaba, eso sí, si la derrota era severa se iba para cama sin cena.
Allí sentado y sin siquiera sacarse la boina, con la mirada perdida al frente y no hablaba con ni Dios… ahora bien, a él que tampoco le hablase ni Cristo.
Y es que aparte de lo suyo…a lo del vino me refiero, él era muy futbolero.
Celtista hasta la médula como ya he dicho, tenía el hombre que joderse y no poder ir a verlo cuanto quería ya que en aquellos tiempos el viaje de Santiago a Vigo era un verdadero coñazo, aparte que tampoco lo permitía el bolsillo.
Así que se tenía que conformar de ir de cuando en cuando, no perdiéndose bajo ninguna excusa un Celta-Deportivo.
Mientras tanto tenía que conformarse con ver el fútbol en Santiago, que aparte de que no le tiraba tanto, era de inferior categoría.
Pero en Santiago no se perdía un partido y además a todos iba gratis, pues había diseñado una estrategía que durante algún tiempo le dio muy buen resultado.
Decía que a todos los partidos acudía una banda de música de la marina que vestidos de blanco entraban tocando en el campo, del cual ya le abrían las puertas según se iban acercando, momento en el que vestido con un traje de marinero de primera comunión, se metía entre los músicos y con un bombín de bicicleta haciendo las veces de flauta, entrando así al estadio por la geta.
Hasta que lo pillaron claro, pero contaba que no le había salido tan mal, pues lo metieron en un calabozo en el que con otros que estaban detenidos echaron un juego de mesa en el cual decía haber ganado 10 pesetas y 4 reales. Una pasta en aquellos tiempos.
Pero volviendo a la primera división, es decir, a los Celta-Deportivo, de los cuales y como he dicho no se perdía ni uno, tanto es así que no dudaría en apostar que si el día de su boda coincidiese con el derby, hubiese dejado a mi abuela plantada en el altar.
Y por si ponéis en duda lo que os estoy contando, simplemente os diré que una vez se fue desde Santiago a La Coruña andando.
Es que él prefería verlos en La Coruña, es decir, ver al Celta fuera de su feudo, pues decía y por si las moscas, así sería más llevadera la derrota.
Y era un Ultra…. Vaya que si lo era, pero un Ultra inteligente.
Hasta mil veces tiene contado de irse al partido con una peña en un autobús de antaño, en los que aparte de los pasajeros que iban dentro otros iban en el techo, que era donde a él le gustaba, por lo menos al regreso.
Pues contaba que al acabar el partido y salir de La Coruña, fuese cual fuese el resultado siempre los estaban esperando, para según iban pasando llamarles de todo menos guapos.
Y ahí era donde el abuelo sacaba la vena Ultra, pues a un simple corte de mangas que hacía comenzaba a lloverle de todo. Al principio piedras, luego tomates, coles, repollos y otros productos de la huerta, pudiéndose decir que al llegar a casa, más que venir de un partido, parecía que venía del mercado.
Esto en lo tocante al fútbol, porque aparte del vino y el deporte del balón, también le tiraba mucho la equitación… Secuelas de la guerra y las duras batallas que entabló limpiando cuadras.
A decir verdad yo jamás lo vi montar a caballo… aunque miento… porque sí lo vi una vez, aunque más que montado, iba en el de pié y eso si que manda carallo.
Fue en un circo, que por aquel entonces montaban en unos terrenos del barrio, cuando en el descanso de la función invitaban a quien quisiera dar una vuelta a la pista montado sobre un caballo. Aunque la cosa no era tan sencilla, pues para llevarse el premio la vuelta debía ser dada en pie sobre la montura, y para más seguridad colocaban al concursante un arnés para evitar accidentes.
Un concurso más bien pensado para la gente joven como te puedes suponer, y cual sería el apuro de los responsables del espectáculo cuando a la pista salta el abuelo, con cuatro vinos y más de 70 años, pidiendo que le sujetasen el caballo, que esa vuelta la daba él sin arnés y con los ojos cerrados.
Y les complicó bastante el número, pues dado a la edad que tenía no dejaban en principio que el abuelo se subiese al caballo.
-¿Cómo que no me dejan?, a mí, que fui cabo de caballería en tiempos de la guerra…-
Y sacó el micrófono de la mano del presentador para dirijirse al respetable al cual expuso su queja del mismo modo que hizo un breve repaso de la experiencia que tenía, arrancando de éste la ovación de la noche, pues aparte de ser la mayoría vecinos, eran todos conocidos, por lo que el nombre de mi abuelo fue coreado por todo el vecindario y si no le hicieron la ola, fue por no estar de aquella de moda.
Así que para salir del trance no tuvieron más remedio que dejar cabalgar al abuelo, quien de pié sobre la montura aguantó dos pasos encima, tras lo cual y por seguridad tiraron de la cuerda que por el arnés lo sujetaba, lo cual hizo volar a mi abuelo que si bien no lo hizo montado a caballo, dio dos vueltas a la pista volando y a Supermán emulando, eso sí, salvadas un par de diferencias, pues no tenía el abuelo capa como la del héroe americano, ni este era capaz de volar como lo había hecho mi abuelo, con cuatro vinos encima a la par que con la boina en la mano saludando al respetable.
Por cierto, mi abuelo se llevó el premio, pero más que por lo bien que lo había hecho, se lo concedieron por pesado, pues el tipo se empeñó en que no lo habían dejado y que habían tirado de la cuerda cuando el caballo ya estaba dominado.


2 han comentado:

senovilla dijo...

Leyendo he estado bien acompañado de mi mujer, nos hemos reido y cachondeado.
Buenas historietas y repito bien contadas.
Saludos.

m4n010 dijo...

Y son verídicas todas... lo malo es que mi memoria tampoco es tan buena como presumo y algunas se me han olvidado.

A ver si voy recordando alguna más para hacer una tercera entrega.

saludos