viernes, 14 de marzo de 2008

Misión a Marte

Recostados en nuestros cómodos asientos escuchábamos con atención la voz que nos salía del agujero y nos cantaba las cuarenta, pero a la inversa.
Cuando la voz cantaba el número 20 y descendiendo, mis pulsaciones iban por las 130 y ascendiendo.
Eché un último vistazo a la aguja que marcaba el nivel de combustible, indicaba que teníamos el depósito lleno… buena falta nos haría ya que el viaje era largo y en todo el trayecto sabíamos que no encontraríamos ni una sola estación de servicio en la que poder repostar.
Y los números seguían bajando: five… four… three… two… one… CERO (glups).
Y un ruido ensordecedor inundó la cabina al mismo tiempo que empezó a vibrar de manera exagerada.
En ese momento perdí la cuenta de las pulsaciones, pero advertí como se me cerraba el estómago y se me apretaba el culo.
La nave comenzó a moverse hacia arriba, es decir, a subir, o a volar que es lo mismo.
A los pocos segundos de despegar ya alcanzamos velocidad y cuando comprobé a través de una mirada por la ventanilla que efectivamente estábamos en el aire, di orden a mi copiloto para que recogiese el tren de aterrizaje.
-Comandante…- hizo una pausa y continuó: -esto es un cohete y no tiene tren de aterrizaje-.
-¡Cojonudo!, acabamos de despegar y ya tenemos un problema-.
Quise contactar con Jiuston e indicarles esta anomalía en la nave, pero me pensé que ya dispondría de tiempo para hacerlo, eso sí, para no olvidarme tomé nota de ello en mi agenda particular.
A los pocos minutos de iniciado el despegue, salimos de la atmósfera.
Para quien no haya estado nunca fuera de la atmósfera, diré que es un espacio muy grande y muy negro, salpicado por unos puntitos brillantes. Es lo más parecido que he visto en mi vida al cielo por la noche.
Di una nueva orden a mi copiloto:
-Fije el rumbo, meta la sexta y sintonice los 40 principales-.
-Comandante…- hizo una pausa y continuó: -esto es un cohete y no tiene ni marchas ni aparato de radio-.
-¡No me jodas que esta maravilla tecnológica no tiene un simple aparato de radio!-.

Volví a sacar mi agenda y tomé nota de esta nueva anomalía mientras pensaba que en cuanto aterrizásemos al regreso me iban a oír en Cabo Cañaveral.
Una vez que fijamos el rumbo el viaje transcurrió sin ningún problema, hasta que el radar nos advirtió de nuestro primer contratiempo. No puedo precisar si éramos nosotros quienes íbamos hacia ellos, o si eran ellos quienes venían hacia nosotros… pero delante de nuestras narices teníamos una lluvia de meteoritos.
Di orden a mi copiloto para que activase el escudo antimisiles, pues para el caso nos podría servir.
-Comandante…- hizo una pausa y continuó: -esto es un cohete y no tiene escudo antimisiles-.
Por un momento pensé que el copiloto estaba por tocarme los cojones.
-Está bien, quite el piloto automático que conduciré la nave entre los meteoritos- le dije ya mosqueado.
-Comandante…-hizo una pausa y continuó: -eso es muy arriesgado-.
-Haga lo que le digo-.
Y con la disciplina que nos caracteriza a los astronautas, obedeció mi orden… pero no tardó en volver a la carga.
-Comandante- y esta vez sin hacer la pausa continuó: -vamos a estrellarnos contra ellos haciéndose pedazos la nave… vamos a morir-.
-¡También España se rompe, no te jode!-.
Y tras decirle esto, saqué mi agenda y tomé nota de mi nueva queja: “El copiloto es un oyente de la COPE”.

---------------------------------------------------------------------------Continuará…
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Continúa…

Piloté entre los meteoritos mientras el copiloto y el auxiliar de vuelo rezaban. Cuando iban por el vigésimo primer padrenuestro la nave dejó atrás la zona de peligro y a los meteoritos, que continuaron a gran velocidad con dirección hacia La Tierra… pero salvar al Mundo del impacto no entraba dentro de mis órdenes, esa era una misión encomendada a Brus Wylis.
-Pasó el peligro, señores…- hice una pausa y continué: -copiloto, evalúe los daños-.
Me informó de un pequeño impacto en el parabrisas y otro en la aleta derecha del ala trasera.
-Bien, en cuanto regresemos daré parte a la compañía de seguros-.
-Comandante…-
hizo una pausa y continuó: -esto es un cohete y no tiene seguro-.
-¿Ni a terceros?- pregunté enfadado.
-Ni a terceros, señor-.
Y mis sospechas se confirmaron… el copiloto estaba por tocarme los cojones.
Le hice un guiño al auxiliar y este lo comprendió a la primera… Nuestra misión podría irse al traste teniendo un copiloto tan catastrofista entre nosotros.
No quedaba otra opción más que hacer una coalición entre ambos y dejarlo fuera de nuestros planes, por lo que tuve que utilizar todas mis armas de persuasión para librarnos de él.
Y simulé fallos en el sistema de comunicaciones.
-Copiloto, póngase el traje de paseo, salga fuera y mueva la antena-.
-Comandante…- hizo una pausa y continuó: -esto es un cohete y no tiene antena-.
-¡Me importa un carallo que no tenga antena!- ya me tenía demasiado quemado. Le alcancé la escobilla del retrete al tiempo que le ordené que la utilizase como antena, -si a Tom Jans le funcionó en Apolo XIII, a nosotros también nos funcionará-.
Con la obediencia que se debe a un superior, se enfundó en su traje espacial y salió de la nave portando en una mano la escobilla.
Cuando la puerta se cerró tras él, metí primera, solté embrague, pisé a fondo y salimos de allí a todo gas… y no hice cantar las ruedas porque aquello era un cohete y los cohetes no tienen ruedas.
Una vez librados del copiloto, el camino a Marte se hizo mucho más ameno para ambos ya que hicimos trompos, derrapes y caballitos con la nave y en un detalle que tuve con mi auxiliar lo dejé que la pilotase unos pocos kilómetros, lo que hizo bastante bien pese a que al arrancarla se le caló.
Y llegamos a Marte, un martes…13… Sí, el número gafe para los astronautas, Tom puede confirmarlo.
La primera impresión que tuve fue que no era tan rojo como decían, también me pareció un planeta feo, sin árboles, sin ríos, sin un puto bar… Cumplimos nuestra misión, que manda carallo también con la misión… tantos kilómetros para coger unas piedras.
Y como no… clavamos la bandera cumpliendo las órdenes de Touriño.
Tuvimos problemas con la maniobra de despegue ya que falló el motor de arranque, pero desmonté el cuadro de mandos y empalmé el cable azul al negro, el rojo al amarillo, el verde al blanco y con el marrón hice toma de tierra, quedando así el problema solventado, eso sí, tenemos algunas anomalías en el funcionamiento de la nave a consecuencia del cruce de cables, ya que ahora al darle al interruptor de la luz se enciende el robot de cocina y el microondas, y al pulsar la cisterna del wc se pone en marcha el ventilador.
Nos encontramos de regreso a casa, pero hemos de hacer un pequeño cambio en la trayectoria para recoger al copiloto que gira en órbita alrededor de la Tierra, lo tenemos localizado gracias a que se quedó con la antena… jejeje…en este momento está justo encima de Nueva Zelanda.
Tenemos pensado llegar uno de estos días, aunque a lo mejor hacemos parada en la Luna para estirar un poco las piernas. Son muchas horas a los mandos y estamos muy cansados.
Si leen esto en Jiuston, que sepan que tenemos un problema… VAMOS SIN TREN DE ATERRIZAJE… repito… VAMOS SIN TREN DE ATERRIZAJE… y a mucha velocidad, o sea que hay riesgo de comerse una buena hostia al tomar tierra…

2 han comentado:

Mauro Navarro Ginés dijo...

Me he "tronchao" el culo Manolo. Lo que a vuesa merced no se le ocurra, no se le ocurre a nadie.

Logio dijo...

Si me envías una postal es que también está el cartero....