sábado, 7 de marzo de 2009

Mini relato casi erótico

La última en mi casa me dijo la morenaza, nada más llegar me pidió que la esperase un momento y dejándome acomodado en el sofá se metió en una de las habitaciones del apartamento.
Salió al poco tiempo y casi me da un vuelco al ver como vestía. Un camisoncito corto y transparente, el cual transparentaba que por debajo no llevaba nada, ni sujetador ni braga.
Sonriendo pícaramente se acercó a mi hasta que se me plantó enfrente, y aun no repuesto de mi casi vuelco de verla vestida así, casi me da otro al tener su cosa a un palmo de mi nariz.
Despacito y sin dejar de sonreír, apartó la tira del camisón del hombro lo cual juraría que no fue un desliz, dejándolo totalmente desnudo tal como su madre lo trajo al mundo, cierto es que para lo que tapaba bien poco molestaba.
Con una tira por la mitad del brazo colgando y la otra por el hombro sujetando, era reacción esperada que la prenda quedase ligeramente inclinada, quedando la mujer para foto de revista con media teta a la vista.
No vayan a pensar mis queridos lectores que ahí quedó la cosa, pues al instante apartó la otra tira del hombro quedándose ante mi en pelotas.
No es que la otra tira la tapara por completo, pero al apartarla suavemente con el dedo, el camisón se desplomó sin piedad por eso de la gravedad.
La contemplé con la admiración que requería la ocasión, con los ojos como platos, la boca de par en par y frotándome las manos.
Que hermosura de cintura, que piernas tan esbeltas, que redondito el ombligo y menudo par de tetas.
Se inclinó hacia mi, lo que me hizo percibir su perfume por la nariz, y con voz suave pero como si fuese una orden, me pidió que me portase como un hombre.
Si allí se precisaba un hombre yo era el único que había, y captada la indirecta y un acto de gallardía, cubrí sus desnudos hombros poniéndoles encima mi chaqueta, lo que al hacer y fingiendo que era sin querer, aproveché para rozarle una teta.
Más abrigadita la mujer y tras mi acto agradecer, se volvió por donde había venido, volviendo al poco tiempo por donde se había ido, pero esta vez venía vestida y tapada como quien sale de Zara.
Recordó que tenía que salir a comprar por lo que me invitó a marchar.
Maldita sea la hora que le vino a la memoria tal cosa, porque se me estaba poniendo a huevo y de no ser por ese recuerdo repentino, aseguro y sin temor a quedar por fanfarrón, que dos horas más con ella y me la tiro.

3 han comentado:

Opaito dijo...

Joer Manué se te escapó viva, tiene cojones que ya te veia yo encima y la gachi se fué de compras, tiene cojones la cosa.

Montse dijo...

Eso es un caballero y lo demás son tonterías, pero yo que tú, no la habría abrigado, no me ha dado la sensación, a lo largo del relato, que ella tuviera ni gotita de frío, jajajaja.

Bueníiiiiiiiiiiisimo

Besitos encanto

Aspective dijo...

Y al despertarte, casi te caes de la cama ¿no?
Lo que más me ha gustado de todo el relato es que le has puesto la etiqueta de "poesía"
Sí, señor.
En fin que no se te escape la siguiente que estamos en crisis, hombre.